Vidas Ejemplares

Las pertenencias de Ed Gein

La noche del 16 de noviembre de 1957, un policía de la villa Plainfield, Wisconsin, EU, llegó a la granja de un hombre llamado Ed Gein en busca de Bernice Worden, quien horas antes había desaparecido de su tienda.

Algunos testigos del pueblo declararon que habían visto a El Loco (como apodaban a Gein) conversando con la mujer. Al no recibir respuesta en la puerta principal de la granja, el agente echó un vistazo al granero.

A la mitad del alveolo alumbró con su lámpara un charco de sangre; al dirigir la luz hacia arriba, el uniformado vio el cuerpo desnudo de Bernice, colgando de los pies hacia abajo, abierto en canal y decapitado.

La cabeza y las entrañas de la mujer fueron halladas en una caja, y el corazón reposaba en un plato en el comedor. El hallazgo de la mujer fue el ábrete sésamo al universo de pesadillas desplegado por el individuo.

Gein fue arrestado y los trabajadores forenses comenzaron a catalogar cada una de las piezas que encontraban. Distribuidas en diferentes habitaciones del inmueble, los obreros recabaron varias cajas que contenían restos humanos, incluidos los de Bernice Worden, así como de Mary Hogan, quien había desaparecido años atrás.

Gein coleccionaba huesos y “artesanías” como máscaras hechas de rostros humanos, un traje confeccionado con piel de una mujer, un cinturón de pezones y una base de lámpara de escritorio con pantalla de epidermis de una persona.

No bien terminó la investigación y comenzó el juicio, las pertenencias de Gein se convirtieron en la codicia de los coleccionistas de piezas macabras. La rapiña continuó incluso después de que el introvertido asesino falleciera.

Sabemos que la lápida de Gein fue robada en el año 2000 del cementerio de Plainfield. La policía investigó y ubicó la piedra en Seattle, donde un grupo se dedicaba a copiar con papel carbón las lápidas que le parecían interesantes para después vender las copias bellamente enmarcadas.

Sin embargo, aunque la pieza fue recuperada, jamás fue vuelta a colocar en la tumba de la que fue sustraída.

En febrero pasado, el periodista Charlie Hinz publicó en el sitio de internet Cult of Weird que la página web de la casa de subastas Pientka anunciaba la puja de un caldero oxidado con la leyenda siguiente: “Un caldero con historia”.

El mencionado utensilio fue comprado a una anciana de Plainfield que utilizaba el trasto como florero. Durante casi 50 años, el utensilio de acero reposó en el jardín de la mujer hasta que un hombre reconoció que ese recipiente metálico había sido recobrado la noche del 16 de noviembre de 1957 de la casa de Gein. Solo que en ese entonces el caldero no contenía flores sino restos de intestinos y sangre coagulada.

La granja de Gein, que se había convertido en un lugar turístico de Plainfiel, fue puesta a la venta el 30 de marzo de 1958. Nadie la compró, ya que un día después de que se pusiera a la venta el inmueble se incendió en forma por demás misteriosa.

Se desconoce qué destino tuvo un crucifijo que perteneció a Augusta Gein, madre de Ed. El artículo religioso acompañó a la mujer durante su última estadía en el hospital. Para que no se perdiera una vez que ella muriera, la señora entregó personalmente la cruz a su hijo. Entre la vorágine de la investigación y la multitud de curiosos el símbolo se perdió y seguramente reposó por muchos años en la cabecera de algún saqueador de objetos.

La camioneta Ford 1949 de Ed Gein fue subastada en 760 dólares y por un tiempo viajó por varios estados como parte de una feria ambulante. El dueño cobraba 25 centavos de dólar a las personas que se fotografiaban al lado de la unidad. También se ignora qué final tuvo el vehículo donde Gein transportó a sus víctimas.

 

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