Vidas Ejemplares

El necrosodomita

Rory Enrique Conde, de origen colombiano, vivía en Tamiami, Florida, alguna vez parte de una ruta paradisiaca que atravesaba la carretera estatal 41, y que desde los años 80 se convirtió en un gigantesco altar a la industria porno, emporio de moteles baratos y bares de desnudistas.

También zona de adictos y prostitutas, Tamiami encontró en Rory al monstruo sin horario que sembró el terror con su modo de operar, su sangre fría y su extraña relación con la policía.

Rory era un adicto al sexo, al sexo con prostitutas. Eran su vida, su razón de ser, las necesitaba tanto que cuando su esposa se ausentaba de casa era sustituida de inmediato —por unas horas al menos— por la compañera ocasional del veleidoso individuo.

Una vez, incluso se aventó la puntada de prestar lencería de su cónyuge a una prostituta, a la que después fotografió en poses atrevidas. El problema es que las imágenes fueron vistas por Carla, quien decidió poner fin a un infierno disfrazado de matrimonio.

Así terminaron siete años de una relación con un grueso historial de violencia doméstica, donde, en su mayor parte, la mujer resultó con saldo negativo.

La reacción de Rory fue, por decir lo menos, peculiar: en lugar de asumir la responsabilidad de sus actos, optó por culpar a las prostitutas del alejamiento que ahora sufría de sus hijos y su ex mujer.

Aun así, Rory regresaba cada noche a la zona caliente de Tamiami. El 15 de septiembre de 1994, mientras le practicaban sexo oral, se percató que la prostituta era hombre. Lleno de ira estranguló al travesti Lázaro Comesana. Durante varios minutos golpeó el cuerpo del individuo, culpándolo de que por personas como él había perdido su familia.

Tras recuperar la calma, Rory vistió el cuerpo del hombre, lo colocó en el asiento del copiloto de su auto, condujo hacia un barrio de clase media. Frenó solo para tirar el cadáver en una zona donde fuera descubierto sin problemas al día siguiente. Tal sería el modo de operar en los homicidios siguientes.

Y un dato más: con excepción de Comesana, Rory practicó el sexo anal una vez que sus presas habían muerto.

La segunda víctima de Rory fue Elisa Martínez, cuyo cadáver fue hallado el 8 de octubre de 1994. Al llegar al tercer homicidio todo parecía indicar que el predador por fin había descubierto a qué había venido a este mundo.

En la espalda de Charity Nava, el asesino dejó el mensaje siguiente: “Tercera y atrápenme si pueden”. No lo atraparon de momento, pero la policía ya tenía la huella genética del agresor. Era cuestión de esperar y seguir trabajando.

El cadáver de Wanda Crawford fue recuperado el 26 de noviembre del año referido. Los cuerpos de Necole Schneider y Rhonda Dunn fueron hallados estrangulados el 12 de diciembre de 1994 y el 12 de enero de 1995, respectivamente.

Las muestras de ADN en poder de las autoridades eran vastas, pero aún no habían podido compararlas.

El 26 de junio de 1995, los vecinos de un pequeño complejo habitacional escucharon lo que parecían ser gemidos de mujer. Un batallón de bomberos arribó al lugar y encontró a una prostituta envuelta de la cabeza a los pies con cinta adhesiva. La mujer dijo que su agresor la había violado repetidamente y que seguramente estaría muerta si no la rescata el cuerpo de uniformados.

Los datos aportados por la trabajadora sexual condujeron a Rory, quien fue arrestado al salir de una visita que le había hecho a su abuela.

La crisis en su matrimonio lo condujo a agredir a las prostitutas, explicó Rory. No pudo descifrar cuál era el origen de su gusto por practicar sexo anal con los cadáveres. Por lo pronto ocupa una de las celdas del callejón de la muerte de la Prisión Estatal de Florida en Starke.

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