Vidas Ejemplares

La muerte viajaba en motocicleta

Thiago Henrique Gomes da Rocha —Tiago Rocha—, así,con nombre de futbolista brasileño, de 26 años, ex guardia de seguridad, tieneuna extraña predilección por matar. Mientras las autoridades loregistraban en su ingreso a prisión, el hombre preguntó que si, una vez queestuviera dentro delinmueble judicial, podía seguir matando.

Los agentes que loacompañaban apenas se sorprendieron ante la pregunta. No, en el caso de Rocha,un criminal que comenzó y prácticamente cerró 2014 acabando con la vida dequien se le pusiera enfrente.

En 2014, Rocha asesinóa seis personas, cifra que se suma a las 33 que mató en una carrera que comenzóen 2011, lo que convierte al hombre en uno de los homicidas seriales másprolíficos a escala mundial.

Es cierto, Rocha no lehace sombra al colombiano Pedro Alonso López, El Monstruo de los Andes, quien acabó con la vida de al menos 300niñas y jóvenes en Colombia, Ecuador y Perú durante los años 70.

Tampoco al tambiéncolombiano Luis Garavito, Tribilín,de quien se especula mató a más de 400 niños, muchos de ellos en situación decalle. O a Daniel Camargo, colombiano, que asesinó a entre 70 y 150 personas.

Aparece en esta lista,Pedro Rodríguez Filho —brasileño comoRocha—, quien confesó el homicidio de 150 víctimas, aunque solo le comprobaron71.

En el caso de TiagoRocha, él mataba para calmar una ira cuya causa dice desconocer. Su modo deoperar desafía cualquier clasificación, y el único común denominador en suscrímenes era el grito de alerta que lanzaba a sus presas, “¡Esto es unasalto!”, antes de accionar el gatillo, golpear brutalmente o estrangular.

Porque variaba su formade asesinar dependiendo la víctima: a las prostitutas las apuñaló, a losindigentes los abatió a balazos y a los homosexuales los estranguló. Su carrerahomicida comenzó matando a indigentes.

Tiago Rocha no violó aalguna de sus casi 40 víctimas. Las eligió al azar. Invertía muy poco tiempoentre la selección de su presa y el asesinato de ésta.

Tras renunciar a sutrabajo comoguardia de seguridad, sus ingresos los consiguió mediante el robo a comercios.Llegaba a bordo de su moto, entraba a los establecimientos, amagaba con supistola al personal y exigía dinero.

Fue aprehendido graciasa que las cámaras de seguridad grabaron las placas y características de sumotocicleta. A mediados de octubre pasado, Rocha fue detenido por unospatrulleros. El individuo se resistió al arresto, la gente se acercó a ver quésucedía, y al menos dos personas lo reconocieron. Le gritaron “¡Asesino!” Losagentes, desconcertados, decidieron llevar al hombre a las instalacionespoliciacas más cercanas.

En los interrogatorios,Rocha mostró una personalidad alejada de la altivez que lo caracterizaba. Ahoraera un individuo deprimido, dispuesto a hablar, y en un momento de soledad intentósuicidarse abriendo las venas de sus muñecas con algún objeto.

Señaló que estabadispuesto a recibir la ayuda que le prestaran las instituciones, dijo estararrepentido de los homicidios que cometió y que deseaba pedir perdón a losfamiliares de las víctimas.

En cuanto a la rabiaque sentía hacia la gente, los psiquiatras explican que es posible que esafuria sea producto de la violación que un vecino infringió a Rocha cuando éstetenía 11 años.

Después de ese episodiode violencia sexual, Rocha se volvió un adolescente tímido que sufrió bullying en casi todas las escuelas alas que asistió. La venganza de Rocha hacia la sociedad se expresó de formabrutal.

Mientrastanto, la policía brasileña trabaja en una serie de pistas que pueden vinculara Rocha con dos homicidios adicionales a los 39 de que se le acusa.

 

operamundi@gmail.com

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Thiago Henrique Gomes da Rocha —Tiago Rocha—, así, con nombre de futbolista brasileño, de 26 años, ex guardia de seguridad, tiene una extraña predilección por matar. Mientras las autoridades lo registraban en su ingreso a prisión, el hombre preguntó que si, una vez que estuviera dentro del inmueble judicial, podía seguir matando.
Los agentes que lo acompañaban apenas se sorprendieron ante la pregunta. No, en el caso de Rocha, un criminal que comenzó y prácticamente cerró 2014 acabando con la vida de quien se le pusiera enfrente.
En 2014, Rocha asesinó a seis personas, cifra que se suma a las 33 que mató en una carrera que comenzó en 2011, lo que convierte al hombre en uno de los homicidas seriales más prolíficos a escala mundial.
Es cierto, Rocha no le hace sombra al colombiano Pedro Alonso López, El Monstruo de los Andes, quien acabó con la vida de al menos 300 niñas y jóvenes en Colombia, Ecuador y Perú durante los años 70.
Tampoco al también colombiano Luis Garavito, Tribilín, de quien se especula mató a más de 400 niños, muchos de ellos en situación de calle. O a Daniel Camargo, colombiano, que asesinó a entre 70 y 150 personas.
Aparece en esta lista, Pedro Rodríguez Filho —brasileño como Rocha—, quien confesó el homicidio de 150 víctimas, aunque solo le comprobaron 71.
En el caso de Tiago Rocha, él mataba para calmar una ira cuya causa dice desconocer. Su modo de operar desafía cualquier clasificación, y el único común denominador en sus crímenes era el grito de alerta que lanzaba a sus presas, “¡Esto es un asalto!”, antes de accionar el gatillo, golpear brutalmente o estrangular.
Porque variaba su forma de asesinar dependiendo la víctima: a las prostitutas las apuñaló, a los indigentes los abatió a balazos y a los homosexuales los estranguló. Su carrera homicida comenzó matando a indigentes.
Tiago Rocha no violó a alguna de sus casi 40 víctimas. Las eligió al azar. Invertía muy poco tiempo entre la selección de su presa y el asesinato de ésta.
Tras renunciar a su trabajo como guardia de seguridad, sus ingresos los consiguió mediante el robo a comercios. Llegaba a bordo de su moto, entraba a los establecimientos, amagaba con su pistola al personal y exigía dinero.
Fue aprehendido gracias a que las cámaras de seguridad grabaron las placas y características de su motocicleta. A mediados de octubre pasado, Rocha fue detenido por unos patrulleros. El individuo se resistió al arresto, la gente se acercó a ver qué sucedía, y al menos dos personas lo reconocieron. Le gritaron “¡Asesino!” Los agentes, desconcertados, decidieron llevar al hombre a las instalaciones policiacas más cercanas.
En los interrogatorios, Rocha mostró una personalidad alejada de la altivez que lo caracterizaba. Ahora era un individuo deprimido, dispuesto a hablar, y en un momento de soledad intentó suicidarse abriendo las venas de sus muñecas con algún objeto.
Señaló que estaba dispuesto a recibir la ayuda que le prestaran las instituciones, dijo estar arrepentido de los homicidios que cometió y que deseaba pedir perdón a los familiares de las víctimas.
En cuanto a la rabia que sentía hacia la gente, los psiquiatras explican que es posible que esa furia sea producto de la violación que un vecino infringió a Rocha cuando éste tenía 11 años.
Después de ese episodio de violencia sexual, Rocha se volvió un adolescente tímido que sufrió bullying en casi todas las escuelas a las que asistió. La venganza de Rocha hacia la sociedad se expresó de forma brutal.
Mientras tanto, la policía brasileña trabaja en una serie de pistas que pueden vincular a Rocha con dos homicidios adicionales a los 39 de que se le acusa. m