Vidas Ejemplares

Con la muerte tatuada en la piel

En los anales del homicidio serial británico, Myra Hindley brilla con una incandescencia que no se apaga pese a que murió en prisión en 2002. Hindley, junto con su amante Ian Brady, comenzaron en 1963 una saga de horror en la que acabaron con la vida de entre cinco y 17 adolescentes. Al ser detenidos, Hindley nunca negó su participación en los crímenes. Todo lo contrario, lo admitió: "Lo que haya sido, yo estuve ahí".

Esa declaración, las autoridades la consideraron una toma de posición solidaria con su pareja, postura que nunca varió pese a que fueron prácticamente cuatro décadas las que la mujer estuvo encerrada.

50 años más adelante, en abril pasado, una pareja fue arrestada después de que un hombre fue apuñalado a plena luz del día. Gary Stretch, de 47 años y 2.21 metros de estatura, figuraba en la lista de Los Más Buscados del Reino Unido por haber acuchillado a Kevin Lee, de 48 años, quien murió en el hospital tras el ataque. Stretch evadió a la policía por unos días, aunque por su tamaño y por el tatuaje de su amante Joanna Dennehy, de 30 años (una estrella en la mejilla derecha), era casi imposible que pasara desapercibido.

La agresión contra Kevin Lee fue parte de una serie de ataques que ocurrió en el suburbio Hunderton, al este de Inglaterra, en el que murieron tres hombres cuyos cuerpos —incluido el de Lee— fueron arrojados a zanjas.

A causa de la presión popular, la policía había arrestado a varios sospechosos hasta que finalmente dieron con el gigante Stretch. Solo que la historia daría un giro inesperado. El hombre negó las acusaciones... y su presunta inocencia fue apoyada por varios testigos.

De hecho, versiones coincidían en que era una mujer la que rondaba a las afueras de Hunderton en busca de víctimas al azar. Una llamada anónima hecha al 101 solicitaba la presencia policiaca en Westfaling Street, reportando que habían visto a un sujeto femenino "apuñalando gente".

Ken Hooper, de 18 años, fue más específico en sus declaraciones. "Hablo de que era una mujer atacando con un cuchillo a hombres y amenazando a los transeúntes. No se trataba de una pelea callejera o algo así. Ella vagaba de aquí para allá en busca de personas a las cuales atacar. Es algo absurdo".

La homicida resultó ser la mujer del tatuaje en la mejilla, Joanna Dennehy, quien, por cierto, no ha confesado por qué agredió a tanta gente y mató a tres hombres.

El pasado 18 de noviembre, la señora Dennehy apareció en la legendaria corte de Old Bailey como sospechosa de los ataques y de tres asesinatos. Su abogado defensor esperaba un papeleo administrativo, conocer la postura de la parte acusadora y un careo inicial antes de fijar una nueva cita y entrar de lleno al caso.

Solo que Dennehy se adelantó a todos —incluso a la parte acusadora— y se declaró culpable de los tres asesinatos y del intento de homicidio de dos hombres más. Solicitó a sus abogados que no retrasaran más el proceso. "Me he declarado culpable, y eso es todo", señaló.

Cuando su abogado intentó aconsejarla para que guardara silencio, Dennehy lo interrumpió, explicando: "No vine aquí a recitar nuevamente lo mismo de siempre. Vengo de muy lejos para decir las mismas cosas".

El temple de la mujer, quien de acuerdo con el detective Martin Brunning, de la Unidad de Crímenes Mayores de Hertfordshire, "es muy distinguida en su apariencia", dejó a medios y autoridades con la boca abierta.

Para algunos agentes experimentados, la rápida aceptación de los crímenes por parte de la asesina serial Joanna Dennehy es síntoma de que la guapa mujer oculta algo o que intenta encubrir a alguien, quizás a su amante, un hombre violento con antecedentes de haber agredido a puñaladas a otras personas.

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