Vidas Ejemplares

Como mantis religiosa

Sonriente… así se mantuvo todo el tiempo la británica Joanna Dennehy desde que fue detenida y hasta su presentación en Old Bailey, la corte por la que han desfilado los homicidas seriales más notorios de Inglaterra.

Pero, además de repartir sonrisas a diestra y siniestra, la desparpajada mujer de 31 años demostró que para ella la vida es una concatenación de bromas.

Cuando los policías que la escoltaron durante su aprehensión mostraron su sorpresa ante la belleza de la detenida, ésta dijo: “Pudo ser peor. Pude ser voluminosa, gorda, negra y fea”, refiriéndose al físico de la mayoría de las delincuentes que desfilan por los cuarteles policiacos.

En un video que fue distribuido por las autoridades a los medios, Dennehy señala: “Asesinar y asesinar no es nada. Es como ir a una parrillada de domingo”.

La simpatía que desplegó la detenida fue de gran utilidad para el equipo psiquiátrico institucional que ha estado pendiente del caso.

Dennehy es una psicópata que mató por placer. El representante de la parte acusadora explicó, mientras la miraba de forma acusadora: “Dice sentir remordimiento por lo que hizo. No tengo motivos para rechazar esa declaración. Usted es una homicida serial cruel, calculadora y manipuladora”.

Joanna Dennehy asesinó a tres hombres, incluyendo a su amante en turno, Kevin Lee, de 48 años, en una saga que duró 10 días, del 19 al 29 de marzo de 2013.

Aunque no participaron de forma directa en los crímenes, los tres acompañantes de correrías de la mujer —Gary Stretch, de 40 años, Leslie Layton, de 36 y Tobert Moore, de 56— , recibieron condenas que van de tres a 14 años de prisión.

En las fotografías que los investigadores decomisaron en el departamento de Dennehy se ve a una mujer atractiva, orgullosa de sus tatuajes, altiva en la mirada, y en algunas de las imágenes posa con enormes cuchillos tipo cazador.

De hecho, los tres hombres fueron asesinados de certeras y repetidas puñaladas en el corazón. Todos eran conocidos de la homicida. Los atrajo a sus citas mortales con mensajes de texto que prometían sexo, alcohol y drogas. Y así fue, solo que Dennehy nunca aclaró que la muerte señalaría el fin de la fiesta.

El amante de Dennehy fue asesinado en el interior de su casa. La mujer y dos de sus acompañantes introdujeron el cuerpo en la cajuela de un auto y condujeron hasta un callejón aislado de Peterborough, Cambridgeshire, donde arrojaron el cadáver. Una adolescente atestiguó la maniobra, pero Dennehy no tuvo empacho en mostrarle a la víctima asesinada.

Los datos aportados por la joven fueron cruciales para lograr la detención de la asesina y sus acompañantes.

Durante el regreso al centro de la ciudad, los criminales se metieron a un cementerio donde practicaron un trío sexual sobre una de las tumbas.

En la corte, la mujer tuvo un momento de preocupación por lo que había hecho, al preguntar a los investigadores cómo estaba el perro de una de sus víctimas. Dijo que el animal solo había sido “un testigo inocente de los hechos”.

Al ingresar a prisión, Dennehy apeló a sus derechos humanos para que no le quitaran el piercing que lucía en uno de los labios. Exigió, asimismo, que no le asignaran un uniforme de suicida. “Estoy a gusto con la ropa que traigo”, añadió.

Dennehy es una de las tres homicidas seriales que han merecido prisión de por vida en la historia del crimen británico.

Las otras dos son Myra Hindley, quien junto con su novio Ian Brady mató a cinco menores durante los años 60; y Rosemary West, una practicante de magia negra que en compañía de su esposo, Fred West, asesinó a 12 adolescentes femeninas, entre ellas una de las hijas de un matrimonio anterior, y otra que concibió con Fred.

 

operamundi@gmail.com

www.twitter.com/compalobo