Vidas Ejemplares

La carta póstuma de Ian Brady

Cuando el sistema legal de Inglaterra condena a un delincuente a prisión de por vida, la pena generalmente se cumple a rajatabla. La mayoría de los criminales bajo dicho estatus judicial envejecerá tras las rejas.

Después de 51 años de ser detenido y condenado a cadena perpetua (dos meses antes se había abolido la pena de muerte en Inglaterra), Ian Brady falleció el pasado 15 de mayo en el hospital psiquiátrico de alta seguridad de Ashworth, al norte de Liverpool, a donde ingresó en noviembre de 1985 tras haber purgado 19 años en una prisión, después de que el recluso cayó en un estado depresivo profundo que le impedía incluso comer por sí mismo.

En cuanto Brady pisó el inmueble de Ashworth se curó milagrosamente, recuperó la memoria e inició una campaña mediática que lo condujera a la libertad. Envió una gran cantidad de cartas a la BBC de Londres, asegurando que sentía un gran remordimiento por los crímenes que había cometido.

Pero fueron los crímenes de Brady los que lo mantuvieron encerrado de por vida, al estar siempre presentes en la sociedad británica, que nunca se recuperó de las historias de horror que narraron en la corte Ian Brady y su amante Myra Hindley, Los Asesinos de los Páramos.

Entre 1963 y 1965, Hindley y Brady asesinaron a al menos a cinco menores, quienes fueron torturados y violados antes de ser sacrificados. La brutalidad invertida por la pareja de sádicos en los niños y adolescentes en ocasiones duró días.

Una vez que la víctima dejaba de ser divertida, la estrangulaban o la mataban a hachazos e incluso a balazos, pues los agentes que caminaron por las praderas de Saddleworth —donde los asesinos enterraron los cuerpos— en busca de víctimas, encontraron varios casquillos.

Las autoridades especulan que Keith Bennett, de 12 años, fue la única víctima asesinada a balazos, lo cual es posible que se esclarezca si alguna vez las autoridades encuentran los restos del menor.

Dos meses antes de que Brady muriera las confesiones de Hindley fueron liberadas por las autoridades británicas. Se trata de más de 700 páginas distribuidas en cuatro volúmenes. Las entrevistas fueron realizadas en 1987 por el detective Peter Topping, hoy ya retirado.

En el curso de las conversaciones, Hindley va de la admiración a Ian Brady, “para mí él era todo, era un Dios”, al desencanto, “si no lo hubiera conocido, yo me hubiera casado y tendría una familia”, para finalmente culparlo no solo de los asesinatos sino de haberla involucrado sin conocimiento de causa, pues Hindley explica cómo Brady adulteró su cerveza con un somnífero y le tomó fotografías “pornográficas”.

Con las imágenes en mano, Brady presuntamente amenazó con mostrarlas a la madre de Hindley en caso de que ésta no lo obedeciera. Y vaya que lo obedeció: la mujer no solo participó en los homicidios sino que fue el señuelo que dio confianza a los menores para que fueran con la pareja a “platicar”.

Ha muerto Ian Brady a los 79 años, una edad que si de por sí muchos mortales no alcanzamos, es poco común en un reo que estuvo constantemente en huelga de hambre. Habrá que ver si la carta que entregó en 2012 a su defensora legal Jackie Powell contiene la revelación del lugar en que fue enterrado el niño Keith Bennett.

Brady dejó instrucciones a la abogada para que, una vez que él muriera, la defensora entregara la misiva a la señora Winnie Johnson, madre de Keith. Lo que ya no será posible, pues también en 2012 la  madre del menor murió. Fue enterrada con los lentes de su hijo en las manos.

La carta será abierta por las autoridades, y en caso de que la ubicación de la tumba ilegal sea correcta, rescatar los restos del niño.

operamundi@gmail.com

 www.twitter.com/compalobo