Vidas Ejemplares

Un hombre que nació para matar


Charles Hatcher no las tuvo todas consigo durante su infancia. Nativo de Missouri, tuvo un padre alcohólico, que pasó una temporada larga en prisión y que al regresar a casa era un tipo explosivo que golpeaba a los miembros de su familia.

Y había más… Hatcher conoció el bullying de ida y vuelta, es decir, era molestado por sus compañeros mayores del colegio, mientras que él molestaba a los menores. En 1935, él y sus hermanos volaban un papalote, al que guiaban con cable de cobre que habían encontrado en un auto. En una ventisca inesperada, el cordel del juguete se atoró con un cable de alta tensión. Arthur, el hermano mayor de Charles, sufrió una descarga que lo mató inmediatamente.

La muerte del menor sirvió de pretexto para que el padre de los Hatcher se fuera de la casa y después lograra el divorcio, con lo que la madre de los niños comenzó una serie de uniones con hombres y mudanzas de domicilio.

A llegar a los 20 años y en adelante, Charles Hatcher fue un compendio de delitos que incluían robo, intento de secuestro, fraude, escapes de prisión. A sus compañeros de 
prisión decía que él era el criminal más prominente del norte de Missouri después de Jesse James.

En 1961, en una de sus estancias en prisión, un compañero convicto fue hallado muerto cerca de la cocina del inmueble. Había sido violado antes de ser apuñalado, aunque todo apuntaba a que Hatcher lo había asesinado, no hubo evidencias suficientes para culparlo.

Con su experiencia en el sistema punitivo, Hatcher solicitó que se le evaluara psiquiátricamente. Aunque el equipo médico no diagnosticó nada anormal, el hombre fue liberado el 24 de agosto de 1963.

Tres días después de ser liberado, Hatcher, quien se había mudado a California, convenció a un niño de 12 años, William Freeman, de que lo acompañara a mirar un riachuelo. El niño fue violado varias veces antes de ser asesinado.

Dos días después, una familia de origen mexicano reportó ante las autoridades la desaparición de Gilbert Martínez, de seis años, quien dejó de jugar con sus amiguitos para irse con un hombre que le ofreció comprarle un helado.

El niño fue hallado golpeado y violado, pero sobrevivió. Su testimonio sirvió para la detención de Albert Ralph Price, que a la postre resultó que su nombre verdadero era Charles Hatcher, quien volvió a prisión.

Por buena conducta, Hatcher obtuvo su libertad bajo palabra en mayo de 1977. Su buen comportamiento era fingido. En los meses siguientes, el hombre violó a varios infantes y adolescentes, aunque seguía en libertad.

Finalmente reaparecieron sus deseos de matar. Lo que ocurrió el 26 de mayo de 1978, cuando secuestró a un niño de cuatro años, Eric Christgen, aprovechando que la niñera lo dejó solo unos minutos. El cuerpo del menor fue hallado a la orilla de un río. Había sido violado y estrangulado.

Un joven homosexual, mentalmente retardado, Melvin Lee Reynolds, fue considerado sospechoso y finalmente culpado del homicidio.

Solo que un homicidio más, el de Michelle Steele, de 11 años, condujo a la detención de Charles Hatcher, quien se mostró sorprendido no porque lo hubieran detenido, sino porque otra persona (Melvin Lee Reynolds) estuviera purgando una condena que no merecía.

Hatcher esta vez confesó los asesinatos de Christgen y Steele, además de que dibujó a mano varios croquis en los que las autoridades hallaron más cuerpos, sumando una totalidad de 16 cadáveres de menores.

El delincuente más prominente del norte de Missouri no soportó el encierro y se colgó el 7 de diciembre de 1984 en su celda de la Penitenciaría Estatal de Missouri, donde cumplía una condena de por vida. Tenía 55 años. 

 

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