Vidas Ejemplares

El hombre que mataba con el método Blancanieves

El 28 de agosto de 2014, la señora Barbara Denham paseaba a su perro por los senderos tranquilos de un cementerio de Londres cuando vio a un joven de aproximadamente 20 años sentado, recargado en la pared de una capilla.

En una primera instancia, parecía que el joven también encontraba paz entre los sepulcros. Solo que, al acercarse, Denham se percató que el individuo estaba muerto. Se trataba de Gabriel Kovari, de 22 años, quien tenía la camisa levantada y exponía el abdomen.

Tres semanas después, la señora Denham cubría su ruta por el cementerio cuando su perro comenzó a ladrar hacia la capilla, donde estaba recargado el cuerpo de otro joven. Tenía la camisa levantada y estaba muerto. Daniel Whitworth andaba en sus 20 años.

Ambos jóvenes eran gays, ambos habían muerto aparentemente por sobredosis de la droga conocida como “la de la violación”, la gamma-hidroxibutirato, un poderoso sedante y anestésico muy eficaz contra la narcolepsia y el alcoholismo, pero que filtrada en la víctima la duerme de tal manera que, al despertar, no recuerda lo que sucedió por varias horas.

Pese a las similitudes, para la policía las muertes de Gabriel Kovari y Daniel Whitworth no eran sospechosas. Las familias de los jóvenes protestaron en medios, acudieron a las oficinas judiciales, aclarando que Kovari  y Whitworth no eran adictos a alguna sustancia. Asimismo, acusaron a la policía de negligencia, pues era imposible que las circunstancias de ambas muertes no despertaran sospechas.

Casi un año después, las circunstancias se repitieron, solo que en esta ocasión ya no aparecieron en el escenario la señora Denham y su perro. Fue un corredor el que encontró el cuerpo de Jack Taylor, de unos 20 años, muerto, recargado en la capilla del cementerio.

Al igual que los otros jóvenes, Taylor tenía la camisa levantada, mostraba el vientre, tenía una “nota suicida” culpando a alguien de su muerte, y en sus bolsillos encontraron un frasco vacío de gamma-hidroxibutirato.

Más claro ni el agua. Para la policía se trató de otra desafortunada muerte por sobredosis. La comunidad no resistió más, salió a las calles a expresar su descontento y exigió que se investigara y castigara a la policía. La situación estaba a punto de salirse de control, cuando un agente recordó el caso de un joven llamado Anthony Walgate, cuyo cuerpo se había recobrado a unos 500 metros de la iglesia, frente al apartamento de un tal Stephen Port.

El nombre de Port, el investigador lo tenía presente pues fue aquel hombre el que reportó el hallazgo de Walgate.

La revisión de los videos arrojó que la última persona con quien Jack Taylor fue visto era precisamente Stephen Port. En las primeras horas del 15 de octubre de 2015, Port fue arrestado. La evidencia hallada en su computadora terminó por hundirlo.

Chef, trabajador de estacionamiento, scort, Port cazaba en bares a sus presas. Las llevaba a su departamento. En algún momento de la velada les suministraba la droga en sus bebidas, para después violarlos a placer, robarles sus pertenencias y añadir más sedante para dormirlos de forma definitiva.

Una vez muertos, Port arrastraba los cuerpos al cementerio, los recargaba en la pared de la capilla y se marchaba. De ahí que los cuerpos aparecieran con la camisa levantada.

Stephen Port fue condenado en noviembre a cadena perpetua. Señala que en breve dará a conocer los nombres de algunos de sus amantes, entre los que se encuentran políticos y hombres de la farándula.

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