Vidas Ejemplares

Una fuerte tendencia a matar

Dianne Merseles disfrutaba sus dulces 16 años cuando en 1975 conoció y se enamoró de Richard Biegenwald. La adolescente era una estudiante destacada, que vivía en un hogar de clase media en Nueva Jersey, con su padre y su madre.

El matrimonio Merseles estaba sorprendido, no tanto porque el novio de su hija tuviera 35 años, sino porque de esos 35, el hombre había pasado 17 en el encierro por haber asesinado en 1958, durante un robo en Maryland, al dependiente de un supermercado de esquina.

Al conocer a Dianne y casarse con ella, Richard Biegenwald tenía serias intenciones de sentar cabeza, pero también tenía un pasado de violencia que regresaba con mucha frecuencia.

Desde que tenía uso de razón, Biegenwald había sido objeto de palizas por parte de su padre alcohólico. Era tanto el rencor que guardaba hacia sus progenitores —a uno por golpearlo, a la otra por no defenderlo— que a los cinco años prendió fuego al inmueble familiar.

A los ocho años, el menor prácticamente vivía en la calle. A esa edad era un apostador y bebía cantidades de alcohol excesivas incluso para una persona mayor. A los 16 años, después de pasar gran parte de su infancia en reformatorios, Biegenwald comenzó a robar autos, hasta que en un viaje en el que condujo una unidad robada en compañía de un cómplice, mató en Maryland a Frank Spardoff.

Dianne y su flamante esposo pusieron unos kilómetros de por medio y rentaron un departamento lejos de los familiares de ambos. Pero parecía que el destino se empecinaba en jugarle bromas de mal gusto a Biegenwald, pues en el edificio al que se mudó vivía un ex compañero de prisión: Dherran Fitzgerald, de 52 años.

Qué tanto hacía la pareja de hombres en sus incursiones nocturnas presuntamente a los bares de la zona, pocos lo saben. Lo cierto es que el 14 de enero de 1983, dos niños que jugaban detrás de un establecimiento de Burger King vieron un bulto extraño entre la hojarasca. Era el cuerpo de Anna Olesiewicz, de 18 años, que desapareció el 28 de agosto de 1982 mientras se dirigía  divertirse con unos amigos al Parque Asbury.

El homicidio de Anna Olesiewicz posiblemente no se hubiera resuelto, de no ser porque alguien acudió a la policía a declarar que sabía quién era el asesino y que había más víctimas de ese criminal.

El delator fue Dherran Fitzgerald. ¿Qué impulsó a este hombre a señalar a su supuesto amigo de correrías? ¿Intentó con esa delación que a él le redujeran el castigo si las autoridades demostraban su participación en los delitos que estaban a punto de imputársele a Biegenwald? ¿Fue en venganza porque Biegenwald mató a su gato, como Dianne, la esposa del acusado, explicó?

El caso es que Fitzgerald condujo a la policía hasta el hogar de la madre de Biegenwald. En una parte del terreno, los trabajadores encontraron un cuerpo de mujer cercenado en tres partes. Menos de una hora después, otro cadáver apareció.

En los días siguientes, siempre con Fitzgerald como guía, los investigadores rescataron seis cuerpos más, para un total de nueve cadáveres (ocho mujeres), entre ellos el de un traficante de drogas al menudeo con quien Biegenwald y Fitzgerald tuvieron problemas.

Dherran Fitzgerald fue condenado a 10 años prisión, de los cuales solo cumplió cinco antes de salir bajo palabra. Richard Biegenwald fue condenado a muerte, después de que el jurado emitió el veredicto de que era culpable de cinco homicidios en primer grado, aunque la sentencia fue conmutada por prisión de por vida.

El 10 de marzo de 2008, a los 67 años, Biegenwald dejó por un breve lapso la Prisión Estatal de Nueva Jersey. Las pocas horas de libertad que tuvo después de su condena fueron para ir a morir por un mal de hígado al Centro Médico San Francisco.

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