Vidas Ejemplares

En forma para asesinar mujeres

En 1974, el equipo de futbol americano Green Bay Packers unió a sus filas al receptor abierto Randy Woodfield. La vida parecía sonreírle a este hombre nacido en un hogar de clase media de Salem, Oregón. Solo que Woodfield nunca pudo dominar sus demonios interiores.

Antes de que comenzara la temporada, el jugador fue separado del equipo. El cuerpo de entrenadores se enteró de varios incidentes de agresión sexual y exhibicionismo por parte de Woodfield, pero prefirió deshacerse del receptor antes que denunciar los hechos.

Su breve paso por el futbol americano profesional, pronto Woodfield lo olvidó y prefirió dedicarse a lo que realmente le gustaba: las mujeres. Le encantaban, era un adicto a las llamadas telefónicas y al sexo, aunque para obtener gratificación en este terreno tuviera que hacerlo a punta de pistola.

Después de aparecer luciendo su musculatura en la revista Playgirl, el individuo incrementó su agenda telefónica, pero también su número de agresiones sexuales, por lo que, al acumularse las denuncias, fue enviado a prisión por 10 años en 1975.

Sin embargo, en 1979 el individuo fue puesto en libertad gracias a un reporte favorable de la división de psicólogos de la prisión. Meses después, el equipo que ayudó a liberarlo comprendería que había cometido un error.

El 9 de octubre de 1980, una mujer llamada Cherie Ayers fue asesinada de forma brutal en Pórtland, Oregón. El cuerpo de la mujer mostraba varias heridas de cuchillo en el cuello, así como huellas de golpes en el cuerpo.

El homicidio de Ayers al parecer inauguró una saga que se prolongó hasta febrero de 1981 y en la que fueron sacrificadas siete mujeres. Solo que, conforme iban avanzado las investigaciones, el modo de operar de Woodfield y su lugar preferido para cometer sus crímenes —la carretera interestatal I-5— hacían especular a las autoridades que el número de mujeres asesinadas por este predador alcanzaba las 50 víctimas.

Randy Woodfield estaba a acostumbrado a que las chicas siempre aceptaran reunirse con él. Cuando recibía una negativa, algo sucedía en él, la ira lo cegaba y salía a buscar quién pagara los platos rotos.

De acuerdo con el ex fiscal de distrito del condado Marion, Chris Van Dyke: “En pocos minutos él podía encontrar una víctima”.

En febrero de 1981, por ejemplo, fue una de sus hermanas la que evitó salir a tomar café con Woodfield. Al esposo de ella, el hombre no le daba confianza alguna y había prohibido cualquier encuentro con él.

La frustración de Woodfield se tradujo en los homicidios de Donna Eckard, de 37 años, y de la hija de ésta, Janel, de 14. La adolescente fue sodomizada antes de recibir un tiro en la nunca.

Randy Woodfield siempre estuvo entre los sospechosos de la policía de Oregón. Finalmente, cuando las denuncias de agresiones sexuales se acumularon y varias víctimas sobrevivientes lo señalaron como su violador, las autoridades lo detuvieron.

En el departamento del criminal, los investigadores encontraron un mapa de la carretera I-5, con puntos marcados que correspondían con algunos de los lugares en los que la policía había encontrado mujeres sacrificadas.

Fue suficiente para fincarle responsabilidades y condenarlo a 165 años de prisión. En el encierro, señalan los custodios, Woodfield pasa las horas sentado, ignorando a la gente de su entorno. Excepto cuando ve mujeres: entonces, comienza a acicalarse el cabello y a coquetear con ellas.

Un detective que estuvo asignado a las investigaciones que condujeron a la detención de Woodfield expresa que el hombre nunca mostró remordimientos por los homicidios que cometió, pero, eso sí, mantiene en forma su conducta de don Juan hacia las mujeres.

operamundi@gmail.com

www.twitter.com/compalobo