Vidas Ejemplares

Un demonio blanco para enfermos molestos

Su macabro sentido del humor terminó por delatar a la enfermera italiana Daniela Poggiali, quien el pasado 9 de octubre fue arrestada en Lugo, una pequeña ciudad ubicada entre Bolonia y Rávena, bajo la sospecha de haber acabado con la vida de entre 38 y 96 pacientes en el lapso de un año.

La mujer de 42 años, de acuerdo con una semblanza de Poggiali publicada por el diario italiano Corriere della Sera, es una fanática del club de futbol Juventus, le gusta la música de Elton John y es una entusiasta de las disciplinas de gimnasio, de pintarse el cabello de rubio y de hacerse tatuajes.

Entre abril de 2013 y abril de 2014 murieron decenas de pacientes durante los turnos que cubrió Poggiali en el hospital. En caso de que la cifra alcance las 96 defunciones que le adjudican a la enfermera, un promedio siniestro sale a la luz: una muerte cada tres días.

Si la mujer fue la causante de 96 decesos, sus crímenes la ubicarían como una de las asesinas más prolíficas en los registros mundiales, arriba, incluso, del enfermero estadunidense Charles Cullen, quien purga seis condenas de por vida por haber matado a 46 pacientes en un lapso de 16 años en hospitales de Nueva Jersey y Pensilvania.

Sin embargo, como han señalado algunos diarios italianos, mientras que en general los “ángeles de la muerte” (médicos y enfermeros que deciden por sí mismos cuándo y cómo debe morir un paciente) acaban con la vida de los pacientes por un sentimiento de “piedad”, “para que no sufran”, Daniela Poggiali asesinaba a los pacientes cuando éstos, en sus dolores, le resultaban “molestos”.

Lo más sorprendente de todo es que no obstante que a Poggiali “se le murieron” tres pacientes en un solo día, las autoridades del hospital donde la mujer prestaba sus servicios no sospecharon de algo sino hasta que la cifra era escandalosa.

De hecho, fue hasta que Poggiali comenzó a subir a las redes sociales sus selfies tomadas al lado de las pacientes recientemente muertas, que las sospechas surgieron. En las fotografías mencionadas, tomadas con el teléfono móvil de la también enfermera Sara Pausini, se ve una Poggiali sonriente, con los pulgares en alto.

Sara Pausini fue quien preguntó a un médico si no le resultaba sospechosa la cantidad de muertes que ocurrían en los turnos de Poggiali. El médico ordenó que se realizara la autopsia a una mujer de 78 años recientemente muerta. El resultado arrojó que la anciana había muerto a causa de una alta dosis de cloruro de potasio que le fue administrada mediante suero o inyección.

La parte médica señala que el potasio es difícil de investigar, ya que a dos días de ser suministrado su rastro desaparece.

Antes de ser delatada a la policía, Poggiali fue llamada por algunos de sus jefes médicos para que explicara con detalle la muerte de cinco pacientes. La enfermera no supo qué responder. Simplemente dijo ignorar las causas.

Aparentemente tranquila se retiró a continuar con sus labores asignadas. Pero la mujer sabía que el cerco en torno a ella se había estrechado, por lo que en los días siguientes se reportó enferma y se ausentó del hospital.

Su frialdad y autocontrol no le funcionaron más. Sus días de libertad estaban contados.

Los compañeros de Poggiali añaden que si bien la mujer no se distinguía por ser una persona de un trato cálido, tampoco imaginaron que estaban frente a una de las mujeres más frías y desalmadas en la historia universal del crimen.

Las fotos de la prensa italiana muestran a Daniela Poggiali caminando sonriente, esposada, rodeada de uniformados, saludando con la barbilla a los estupefactos representantes de los medios.

 

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