Vidas Ejemplares

Un compendio ambulante de perversión

Aunque no ha merecido la atención mediática de otros países, Sudáfrica ocupa el segundo lugar en número de asesinos y homicidios seriales en el mundo, solo después de Estados Unidos. Y la actuación de uno de estos predadores entre 1990 y 1997 ejemplifica con creces el lugar distintivo que ocupa aquella nación de África.

El 31 de enero de 1997, un hombre llamado Stewart Wilken fue detenido por ser sospechoso de la desaparición de Henry Bakers, de 12 años, quien ya no regresó a su casa después de visitar a su abuela.

La sargento Ursula Bernard contactó a un grupo de amigos del adolescente, los cuales informaron a la agente que Henry, al despedirse de ellos, dijo que compraría un poco de leche antes de reunirse con un adulto de nombre Stewart Wilken.

Durante la detención, la sargento Bernard se enteró que en 1995 Wuane, la hija de Wilken, de 12 años, también había desaparecido y que existían sospechas de que el individuo sabía perfectamente dónde y qué había ocurrido con la menor.

En las sesiones de interrogatorio, Wilken se mostró elusivo y casi queda en libertad, de no ser porque la investigadora tuvo la idea de colocar una foto de Wuane frente al hombre.

Wilken observó varias veces la imagen. Al ver ese titubeo, la sargento Bernard preguntó si sabía dónde estaba la adolescente.

La pregunta fue la llave que ayudó a abrir el baúl de los remordimientos de Wilken, quien musitó: “Estoy enfermo”. A partir de ese momento, el individuo sorprendió con sus revelaciones incluso a los policías de experiencia más curtida.

Wilken habló de sodomía y, sofocación, de fantasías sexuales, de Dios, y por supuesto, de homicidios.

Cuando la sargento preguntó de cuántos asesinatos estaban hablando, Wilken dijo que 10. Y la cifra no era una baladronada del detenido.

Wilken comenzó su saga homicida en febrero de 1990, cuando un adolescente callejero de 15 años le pidió que tuvieran relaciones sexuales a cambio de dinero. El hombre accedió, solo que sintió que no iba a alcanzar su satisfacción a menos que estrangulara al menor como catalizador de la eyaculación.

El adolescente murió durante el acto sexual, aunque el cuerpo muerto fue sodomizado varias ocasiones antes de ser escondido por Wilken. El estrangulamiento y la necrofilia serían las constantes en los homicidios.

Por lo demás, Stewart Wilken fue un homicida serial inusual, ya que sus víctimas no fueron solo adolescentes varones, también eligió como objetivo a varias prostitutas.

El asesino narró que sus fantasías sexuales eran tan poderosas que debía realizarlas, pues de lo contrario era incapaz de encontrar satisfacción. Dijo que le agradaba sodomizar a sus víctimas, al grado que, cuando abandonaba los cuerpos, tenía la precaución de rellenar el ano de sus presas con papel periódico, para evitar que el orificio se agusanara y así garantizar su uso ulterior.

Señaló que una prostituta le provocó tal frenesí sexual, que una vez que la había asesinado, le arrancó los pezones a mordidas y los devoró.

Wuane era hija del primer matrimonio de Wilken. Éste dijo que, en una de las visitas que hizo a la menor, ambos fueron al parque y estuvieron jugando, “como yo no lo hacía desde niño”. La adolescente al parecer le dijo a su padre que era maltratada en la casa que compartía con su madre y su padrastro.

Wilken abrazó a Wuane y sintió que debía matarla y entregarla a Dios antes de que siguiera sufriendo. Estranguló a su hija y la llevó cargando a un lugar apartado. No supo explicar por qué violó a Wuane.

El esqueleto de la adolescente, junto con otros restos, fue encontrado una vez que Wilken condujo a las autoridades a los diversos puntos en que había enterrado a sus víctimas.

 

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