Vidas Ejemplares

Un chivo expiatorio para "El Asesino del Torso"

La mañana del 15 de enero de 1947, Betty Bersinger y su hija de tres años pasaron frente a un lote baldío en la intersección de las avenidas Norte y 39, en la ciudad de Los Ángeles, California. Entre el pasto crecido vieron lo que parecía un maniquí roto a la mitad.

En realidad era un cuerpo mutilado, que resultó ser el de una aspirante a actriz llamada Elizabeth Short, de 22 años, a quien la prensa sensacionalista de la época bautizó como La Dalia Negra, por ser ese color su favorito en las prendas que cotidianamente vestía.

Después de decenas de investigaciones, cientos de hipótesis y de la detención de varios sospechosos, el asesinato de Short continúa abierto y se le ha llamado El Santo Grial de los asesinatos sin resolver.

Lo anterior en lo que corresponde a una víctima. En lo que respecta a un homicida, El asesino del Torso ha sido, también, motivo de interminables especulaciones.

Entre 1935 y 1938, El Asesino del Torso mató, oficialmente, a 12 personas en Cleveland, aunque esa cifra, de acuerdo con algunos investigadores, como el detective Peter Merylo, puede incluso llegar a 20, en un periodo que abarca los años 20 y 50 del siglo pasado en áreas de Cleveland, Pittsburgh y Youngstown, Ohio.

En general, las víctimas de este homicida era gente de la calle, cuyos cadáveres nadie reclamó o identificó, con excepción de Edward Andrassy, Florencia Polillo y quizá Rose Wallace. En el momento en que la Gran Depresión apretaba en Cleveland, si algo abundaba eran personas pobres, presas fáciles para el criminal.

La impronta del predador fue la mutilación: decapitaba y desembraba a sus víctimas; hubo casos en que cortó los cuerpos a la altura del tronco; otros más fueron castrados, y hay que destacar que algunas presas mostraron evidencias de tratamiento químico de preservación, lo que explica que algunos cuerpos fueron encontrados hasta un año después de su muerte. Las cabezas no se hallaron, haciendo imposible la identificación.

La actuación de El Asesino del Torso correspondió con la dirección de Seguridad Pública de Cleveland del afamado Eliot Ness, quien tenía autoridad sobre la policía y los servicios auxiliares, incluyendo los bomberos. Ness para entonces vivía de la reputación ganada por haber llevado al encierro al gánster Al Capone. Pero los asesinatos de Cleveland significaron el Waterloo del investigador.

El 24 de agosto de 1939 fue arrestado Frank Dolezal, de 52 años, un residente pobre de Cleveland, aunque había nacido en Eslovaquia. El individuo fue el sospechoso principal por haber hecho vida en común con Florencia Polillo, una de las víctimas de El Asesino del Torso.

El eslovaco fue interrogado de forma severa por los policías de Ness. Al cabo de unos días, Dolezal aceptó que él era el asesino que había impuesto un régimen de terror en Cleveland. Solo que nunca pudo aportar detalles de los homicidios, incluso desconocía que todas las víctimas habían sido decapitadas.

Unos días antes del juicio, Dolezal fue hallado muerto en su celda. Aparentemente él mismo se había quitado la vida. Entre otras lesiones, el equipo forense explicó que el cuerpo tenía seis costillas rotas. Pese a las evidencias de una confesión arrancada de forma violenta, Dolezal murió en calidad de sospechoso.

En 2001, el escritor James Badal comenzó una investigación que derivó en el libro Though Murder Has No Tongue y más adelante en la declaración oficial de inocencia de Frank Dolezal, que ocurrió en 2010.

La ceremonia de colocación de la lápida fue atendida por pocas personas, entre ellas algunos familiares de Dolezal. La inscripción en la piedra resume las tribulaciones que el eslovaco sufrió en vida: "Descansa ahora".

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