Vidas Ejemplares

El caníbal del asiento de al lado

Vince Weiguang Li nació en Dandong, China, el 30 de abril de 1968. Graduado en el Instituto de Tecnología de la Universidad de Wuhan en computadoras, emigró a la ciudad de Winnipeg, Canadá, en junio de 2011, donde tuvo trabajos temporales hasta que consiguió la ciudadanía en 2006.

Después, abruptamente, decidió mudarse a Edmonton, dejando a la deriva por un tiempo a su esposa en Winnipeg, hasta que ella pudo alcanzarlo en su nuevo lugar de residencia.

Cuando la mujer llegó a Edmonton, Li ya tenía un trabajo fijo en una tienda de Wal-Mart.

Sus vecinos y compañeros de trabajo apreciaban a Li, pues veían en él un hombre trabajador, siempre dispuesto a colaborar, aunque el hombre ocasionalmente mostraba cierta frustración por la dificultad que para él representaba el idioma inglés.

Ese lapso de estabilidad económica solo duró dos años. Por “desacuerdos” con algunos de sus compañeros, en 2008 Li fue despedido de Walmart.

Cuatro semanas después de su despido, el 30 de julio, Li abordó por la noche un autobús Greyhound con destino a Winnipeg, donde acudiría a una entrevista de trabajo.

Tim McLean, un panadero de feria, abordó la misma unidad para acercarse a su casa de Manitoba. Se sentó en uno de los asientos cerca del baño. Ya instalado se colocó los audífonos y se dispuso a dormir.

El trayecto duraba varias horas. Cuando faltaban unos minutos para llegar a Manitobe, cerca de las 7:30 de la mañana, Li se levantó de su lugar, caminó por el pasillo del autobús y finalmente se sentó al lado de McLean, quien apenas si percibió que la butaca de al lado se había ocupado.

De acuerdo con algunos testigos, Li sacó intempestivamente de entre sus ropas un cuchillo, con el que atacó el rostro y el cuello de McLean, quien no tuvo siquiera tiempo de defenderse. En cuestión de minutos, Li tenía la cabeza de McLean en sus manos, la cual se balanceaba mientras el hombre recorría el pasillo mostrándola al resto de los pasajeros.

A las 8:30 horas, la Real Policía Montada de Canadá recibió el reporte de que un hombre había acuchillado a otro en el interior de un autobús que se dirigía a Winnipeg.

Mientras los uniformados llegaban al lugar del ataque, en el interior del camión se vivía un estado de terror. El conductor estaba en su asiento con un martillo en la mano, los pasajeros se habían replegado al frente de la unidad, unos gritaban y otros incluso vomitaban.

Cerca de las 9:00 horas, elementos de la montada lograron sacar a los pasajeros antes de entrar al camión. La escena era dantesca: Li no soltaba la cabeza y gritaba que deseaba permanecer en la unidad “para siempre”.

Al aproximarse al hombre para negociar su rendición, los uniformados vieron que Li había devorado parcialmente el cuerpo de McLean y que de vez en cuando succionaba la sangre de la víctima.

Cuando finalmente lograron contener la ira de Li, los policías procedieron a guardar los restos de McLean en bolsas de plástico. Al revisar al oriental, extrajeron de los bolsillos de su pantalón una oreja, la nariz y la lengua del panadero.

En el interrogatorio, Li no supo explicar qué había motivado su ataque. Habló que desde hacía algunos días escuchaba la voz de Dios y que en esa ocasión le ordenó acabar con la vida de McLean, aunque no supo señalar por qué McLean fue específicamente la víctima elegida.

Uno de los testigos añadió que durante el ataque Li lucía totalmente calmado, “parecía un robot”. Más adelante, Li arregló su versión, añadiendo que Dios le había dicho que matara a McLean para salvar al mundo de un ataque alienígena.

Tras ser auscultado por un equipo de psiquiatras, Li evitó la prisión, aunque fue enviado a un centro de salud mental.

 

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