Vidas Ejemplares

Una bruja con diploma

Hansel yGretel forma parte de los 210 cuentos recolectados (en el siglo XIX) por los hermanos Jacob y Wilhelm Grimm. Narra la historia de dos hermanos (niña y niño) abandonados en el bosque por su padre, un pobre leñador que decide tomar la drástica medida después de que su esposa se queja de que ya no hay forma de alimentar a los chiquillos.

Los menores llegan hasta una casa construida con pan de jengibre, pastel y azúcar, la cual comienzan a comer. El problema es que el suculento inmueble en realidad es la trampa de una bruja, que de esa manera atrae a sus presas. Gretel es obligada a cumplir con los quehaceres de la casa, mientras que Hansel es encerrado, puesto en engorda para finalmente ser devorado. Plan que a la postre no se cumple.

De acuerdo con un censo oficial local, en 2005 se estimaba que en Ucrania había casi 200 mil niños en condición de calle. Una gran cantidad de ellos presentaba adicciones, sobre todo al alcohol y a los solventes, lo que los hacía presas fáciles de pedófilos y de diversas actividades del crimen organizado.

Fue en ese contexto en el que se movió Diana Semenuha, una mujer de 29 años, afectada por una extraña enfermedad que le debilitaba los músculos y perteneciente a una red de brujos que actuaba en Ucrania y en diferentes lugares aledaños al Mar Negro.

A partir de 2004, en varios puntos de la ciudad de Odessa comenzaron a aparecer niños con un alto índice de anemia, quienes decían que una mujer los había mantenido en cautiverio.

De acuerdo con los menores, La Bruja Vampiro, como le llamaban, les extraía sangre regularmente de los brazos, la cual bebía en un tazón. Cuando estuvieron a bordo de la inanición, la misteriosa dama los abandonó nuevamente en la calle.

Las investigaciones del caso condujeron al domicilio de Semenuha, donde siete niños, recostados en colchones en el suelo, mostraban signos de intoxicación por alguna droga somnífera.

Los siete niños eran en realidad la nueva remesa de Semenuha, quien drenaba la sangre de sus víctimas para beberla y así “recobrar la fuerza de los músculos”. Y como había sangre de sobra, a la mujer le alcanzaba incluso para venderla entre varios miembros de la red de brujos a la que pertenecía. También comerciaba con cabellos y uñas de los menores.

Era el modo de operar de Semenuha: atraía a los infantes con promesa de techo y comida, les proporcionaba alcohol y solventes, los mantenía embrutecidos y les extraía la ansiada sangre. Cuando los había vaciado, los dejaba libres e iba por otros niños.

La prensa de Odessa reportó que, al momento de ser detenida, los detectives encontraron a los menores narcotizados, atados con correas a camas y bancos, además de un cuchillo y un cubilete grande, “negros y de plata grabados con símbolos satánicos”.

Sin embargo, para Diana Semenuha no había delito que perseguir, pues sus acciones no involucraron violencia: “Yo les proporcionaba alimento y les daba un refugio”, señaló.

Un detective indicó que tras el arresto de la mujer ésta declaró que con sus hechizos ella ayudaba a la gente que le solicitaba contrarrestar encantamientos y males de ojo lanzados por rivales y enemigos. Asimismo, el investigador añadió que en uno de los muros del domicilio de Semenuha colgaba un diploma de “bruja” otorgado por la Orden Mágica Dragón Rojo.

Las autoridades ucranianas enfrentaron un episodio difícil con Semenuha, pues si bien podían consignarla por corrupción y secuestro de menores, el caso, como por arte de magia, se volvió humo cuando los siete niños guardaron silencio, escaparon de la custodia y volvieron a las calles, de donde habían sido seducidos por el encanto de la joven vampira.  

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