Vidas Ejemplares

Mató a su madre, hermano, tres hijos y a los perros

En noviembre pasado, los niños Sebastian, Fabian y Michelle, de 10, nueve y siete años, avisaron, por instrucciones de su madre, que no asistirán unos días a clases, pues tenían que atender algo relacionado con un funeral familiar.

Por más de una semana, la gente de Boheimkirchen, aproximadamente 40 km al oeste de Viena, capital de Austria, no supo nada de los tres menores, pero tampoco de Peter, de 41 años, tío de los niños, la abuela Mathilde, de 59 años, y de Martina R., madre de los pequeños.

El jefe de Peter, sin embargo, se extrañó por la ausencia de su trabajador y compartió su preocupación con la policía local.

Los investigadores acudieron al hogar que Peter compartía con su madre, su hermana, sus tres sobrinos y dos perros. Vieron una nota pegada en la puerta principal, además de una bolsa pequeña con nueces, chocolates y naranjas para los niños.

El aroma que despedía el interior de la casa alertó a los uniformados, quienes consiguieron una orden para ingresar al inmueble. Martina R. yacía al lado de su madre; los tres niños estaban acostados en una cama, tapados con sábanas; Peter estaba en el piso, a unos pasos de los dos perros.

Todos, familia y mascotas, murieron a causa de las balas disparadas por Martina R. ¿Cuáles fueron los motivos de la mujer para acabar de esa manera con su familia?

De acuerdo con Andreas, ex esposo de Martina y padre de los tres niños asesinados, conoció a la mujer en 2005, cuando ella trabajaba en una guardería de Viena. Desde entonces Martina vivía con su hermano Peter y su madre Mathilde.

Martina y Andreas contrajeron matrimonio y comenzaron a llegar los hijos. Un problema que la pareja no pudo resolver fue que Martina nunca quiso compartir techo con su esposo. Menos aun cuando ella, el hermano, la madre y los niños decidieron mudarse a Boheimkirchen.

Cada fin de semana, Andreas visitaba a sus hijos en Boheimkirchen, pudiera verlos o no. El hombre se dio cuenta que sus hijos no socializaban con los infantes del vecindario. Prácticamente nadie conocía a esa familia.

Cuando Andreas preguntó por qué esa conducta, Martina decidió cancelar los encuentros entre padre e hijos. La mujer dijo a los niños que su padre era un mal hombre, y para confirmar lo dicho, Martina acudió con un juez a acusar a su esposo por violencia familiar, señalamiento que no se comprobó.

En 2010, Martina y Andreas se divorciaron. El hombre entró en tal depresión que tuvo que recibir ayuda psiquiátrica. Quizás por eso no se dio cuenta que, al firmar los papeles de la separación legal, asintió una cláusula en la que renunciaba a las visitas de sus hijos. Andreas quiso enmendar ese error, pero ya no le dio tiempo.

Al parecer la noticia de que su madre padecía cáncer de páncreas detonó la conducta homicida de Martina. No fueron los problemas económicos, como se adujo en un principio, pues tenía sueldo, su hermano trabajaba y recibía la pensión de Andreas.

Días después de asesinar hasta los perros, Martina envió un mensaje de texto a un hombre que recientemente había conocido. Lo recibió en la parte trasera de la casa, hicieron el amor, el tipo se fue y ella entró a la casa.

El hombre regreso al día siguiente, tocó la puerta, pero no hubo respuesta. Al día siguiente repitió el intento, aunque nadie salió a abrir la puerta. Decidió dejar una nota en la puerta y una bolsa con víveres. Él no lo sabía, pero, para entonces, Martina yacía acostada en el regazo de su madre, con un disparo en la cabeza que ella misma se había infligido.

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