Vidas Ejemplares

El asesino serial detrás del pistolero

En 1998, cuatro años después de graduarse en una high school en la ciudad de Anchorage, Alaska, James Dale Ritchie tuvo su primer desencuentro con la policía a causa de un problema de posesión de drogas.

Al irrumpir en el departamento que habitaba Ritchie, la policía encontró armas, munición y varias piedras de cocaína, algunas notas perfectamente organizadas en un fólder y una balanza electrónica. De acuerdo con el dueño del inmueble, su hijo y el detenido se dedicaban a la venta de droga.

Los amigos, familiares y conocidos de Ritchie no se explicaban cómo él había caído tan bajo en su conducta, si unos cuantos años atrás era un joven atlético, el único prospecto de su generación estudiantil para ser jugador de la NFL, además de tener un temperamento jovial y ser una persona estimada dentro y fuera de su centro estudiantil.

El mismo Ritchie se hacía preguntas en torno a su conducta. Mientras purgaba una condena preventiva de tres años, el joven escribió una carta a un juez en la que señalaba: “Cada noche, acostado en la cama, pienso en cómo arruiné mi vida. Entonces me incorporo llorando, con deseos de regresar a mi época de high school”.

Y la carta continuaba: “Quise terminar la universidad, tener una familia y comprar una casa. En vez de eso soy un pobre diablo que nunca tendrá un buen trabajo”.

El pasado 12 de noviembre, la policía de Anchorage recibió el reporte de un robo en una zona residencial de la ciudad. El oficial Arm Salao acudió al llamado. Al ver a un hombre de aproximadamente 40 años le preguntó acerca del delito, el individuo simplemente ignoró al uniformado y continuó su camino.

El agente fue hasta su patrulla, abrió el altavoz y a través de él volvió a preguntar al transeúnte si había visto la comisión del robo. El hombre detuvo su paso, caminó hacia el policía, y en lugar de información, Salao recibió cuatro impactos de bala que a la postre lo enviaron al hospital y a dos cirugías que le salvaron la vida.

Un segundo oficial escuchó las detonaciones y acudió en auxilio de Salao. Intercambió disparos con el civil, y éste cayó muerto en la acera. Así terminó la vida de James Dale Ritchie, aunque su muerte ayudó a aclarar casos judiciales que estaban sin resolver.

El análisis balístico del arma de Ritchie, un revólver Colt Python .357 Magnum, arrojó que la pistola está vinculada a cinco asesinatos, todos ocurridos este año en Anchorage.

La muerte de Ritchie sucedió semanas después de que las autoridades lanzaran un anuncio que recomendaba a los residentes de Anchorage que evitaran salir sin motivo a altas horas de la noche, y si lo hacían, que de preferencia caminaran en grupos. La policía, aunque no lo aceptaba públicamente, sabía que un asesino serial caminaba por las calles de la ciudad más grande de Alaska.

Hasta el momento las autoridades de Anchorage desconocen el motivo que impulsó a Ritchie a acabar con la vida de al menos cinco personas, pues las investigaciones apenas arrancaron y la policía no duda que la cifra de asesinatos vinculados con el ex atleta suba en unos meses.

Hace un par de años, un amigo se encontró a Ritchie en un restaurante local. El joven vio a su ex compañero de estudios “alegre y positivo”. Señaló que parecía que el tiempo no había pasado.

El tiempo todo lo cambia. Al parecer, Ritchie ingresó a una espiral de violencia y drogas de la que ya no pudo salir. La policía especula que los homicidios están vinculados a conflictos por enervantes.

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