Vidas Ejemplares

Sin pies ni cabeza

La policía del sureste de India no tenía idea que un asesino serial caminaba tranquilamente por las calles del estado Tamil Nadu. Fue hasta que las autoridades investigaban la desaparición de un hombre de 35 años, que el nombre de T Sappani, también de 35 años, comenzó a escribirse en los reportes de los uniformados.

Al ser detenido a principios de octubre pasado, Sappani decidió dar por terminada su carrera criminal y señaló que ha asesinado a ocho personas en los recientes siete años. Como prueba de que hablaba con la verdad, condujo a los agentes a los lugares en los que enterró a algunas de sus víctimas, locaciones cerca de canales y esteros de ríos.

Los restos putrefactos de un electricista llamado Sathyanathan, de 50 años, fue el primero en ser recobrado, después de que los trabajadores excavaron en la orilla de un canal cercano al poblado de Krishnasamudram, en el distrito de Tiruchirappalli.

En el curso de las excavaciones, fue rescatado el cuerpo de otro hombre, Kumaresan, de 41 años, al que faltaban cabeza y piernas, extremidades que fueron halladas más adelante.

En los primeros días de trabajo, la policía recobró cinco cadáveres, tres de ellos mutilados. Sappani ha explicado que mató a varios más, entre ellos una mujer y un consejero de un partido político de India.

El cuerpo del padre de Spanni fue recobrado de un manglar. Al parecer, el móvil del homicidio tuvo que ver —de acuerdo con las declaraciones del detenido— por la frustración que le provocaba ver cómo su progenitor apoyaba económicamente a los hijos de su hermano mayor y a los de él no los visitaba siquiera. La madre de Spanni fue la encargada de reconocer el cuerpo descompuesto de su esposo.

La gente de Tiruchirappalli que conoce a Sappani está desconcertada por las noticias que dan cuenta de las actividades clandestinas de este hombre, a quien sus vecinos siempre consideraron una persona tranquila, de carácter afable.

Más desconcertada está la policía india, que hasta el momento no esclarece si la serie de homicidios obedeció a un móvil financiero, desestabilidad mental del individuo o a sacrificios rituales.

Debido a que la mayoría de los cuerpos fue hallada en proximidades de santuarios y de que Sappani frecuentaba a dos sacerdotes, uno del templo Chellaiah y otro de un templo de Erwadi, este último un adepto de la magia negra, las autoridades especulan que el criminal participaba en sacrificios humanos.

Desde 2009 Sappani comenzó su carrera criminal. De acuerdo con sus declaraciones, el infractor tenía un modo de operar con pocas variaciones: elegía a las víctimas según el potencial económico evidente; se hacía amigo de ellas; las convencía de que lo acompañaran a rezar a un templo, generalmente a uno cercano a canales o ríos; ahí les vendaba los ojos, mientras les pedía que reverenciaran la imagen sagrada; las golpeaba en la cabeza y las mataba; finalmente, mutilaba los cuerpos y los enterraba en esteros o a orillas de las acequias.

A las investigaciones se han añadido los casos de una adolescente de 13 años y una mujer de 18, ambas de una misma familia, quienes fueron asesinadas el año pasado.

El caso de T Sapanni apenas ha arrancado. La policía aún no encuentra los tres cuerpos que completarían la suma de ocho víctimas de las que ha hablado el criminal. Asimismo, se ignora la ubicación de varias de las extremidades mutiladas. Al menos tres cadáveres permanecen incompletos en sus gavetas.

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