Vidas Ejemplares

Un asesino de bajo perfil

En un artículo publicado el 23 de noviembre de 2001 (“Very, very ordinary man” one of worst serial killers) en The Globe and Mail, la periodista Ingrid Peritz, señalaba que William Patrick Fyfe “habla sin emoción, como si repasara mentalmente los detalles de una vieja película”.

Por su parte, un detective que participó en la detención, describía a Fyfe como “un hombre muy, muy ordinario”, personalidad que contrastaba con la posibilidad sustentada de que el delincuente fuera uno de los peores homicidas seriales en la historia de Canadá, “y quizá el peor verdugo serial de mujeres”, completaba la periodista Peritz.

William Patrick Fyfe nació en la ciudad de Toronto, Ontario, el 27 de febrero de 1955. Se crió con una tía, que en 1958 decidió mudarse a Montreal llevando al sobrino consigo.

El joven no mostró interés por la escuela, así que optó por dedicarse a trabajos manuales como la plomería y la limpieza de albercas, pues de acuerdo con la gente que lo conoció, Fyfe era muy hábil con las manos, además generoso, comprometido con su comunidad y un poco metiche con el peso y los hábitos de otras personas.

Al parecer, en cuestión de hábitos, Fyfe solo veía la paja en el ojo ajeno, pues tuvo que mudarse a la ciudad de Quebec para incorporarse a un programa de rehabilitación a causa de su fuerte adicción a las drogas. Y fue en Quebec donde Fyfe escribió su saga homicida.

Aunque el individuo explicó que cometió su primer homicidio el 17 de octubre de 1979, cuando tenía 24 años, en la ciudad de Cartierville, Montreal, donde violó y asesinó a Suzanne-Marie Bernier, de 62 años, el 21 de marzo de 1981, Hazel Scattolon, de 52 años, murió apuñalada después de ser violada.

El letargo que se abrió entre el homicidio de marzo de 1981 y el del 26 de septiembre de 1987, fecha en que Louise Poupart-Leblanc, de 37 años, fue asesinada en Saint-Adèle, Laurentides, despertó suspicacias en las autoridades judiciales canadienses, que especulan que el número de víctimas es mayor a las nueve adjudicadas a Fyfe.

El modo de operar de Fyfe no varió en la cifra oficial de nueve homicidios: todas fueron golpeadas brutalmente, violadas y finalmente asesinadas a puñaladas. La edad de las víctimas osciló de 26 a 59 años, y cinco de las nueve rebasaban los 50 años.

En un periplo delictivo que duró 20 años, Fyfe mantuvo un perfil bajo. Contrariamente a la mayoría de predadores reiterativos, que en general adoran la publicidad y cuando son capturados lo difícil es lograr que paren de presumir sus hazañas, la carrera de Fyfe estuvo exenta de reflectores.

Una huella dactilar dejada en el escenario donde fue asesinada Mary Glenn, de 50 años, condujo a la detención de este homicida “invisible”. Fue arrestado en la casa de su madre, en Ontario. La solución de cuatro homicidios más la aportó el análisis de ADN. Ya en prisión, el hombre confesó otros cuatro asesinatos.

La confesión adicional de Fyfe tuvo el propósito, de acuerdo con el propio convicto, de obtener su transferencia de Quebec a Canadá Occidental. Una autoridad judicial expresó, no sin ironía: “No veo la diferencia entre una celda de 2.5 metros en el oeste de Canadá y una celda de 2.5 m en una prisión de Quebec. Quizá sea porque en un lugar hablan inglés y en otro francés”.

La diferencia que las autoridades no alcanzaban a percibir, de acuerdo con Fyfe, es que en la prisión de Saskatoon —a la que el criminal deseaba ser transferido— hay un mejor tratamiento contra los ofensores sexuales. Después de cumplir los 25 años a los que fue condenado, Fyfe, uno de los peores asesinos seriales en la historia de Canadá, tiene como propósito reintegrarse a una sociedad que aún lo ve con miedo.

 

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