Vidas Ejemplares

El asesino que no parecía lo que era

James Alan Fox es profesor de criminología en la Northeastern University de Boston, Massachusetts, Estados Unidos. Ha publicado 15 libros y docenas de artículos en periódicos y revistas de su país. En su columna “Crime & Punishment”, publicada en el sitio boston.com el 15 de abril de 2011, plantea la pregunta: “Why killers target prostitutes”.

El experto señala que el asesinato de prostitutas “es un escenario familiar”. (…) Los asesinatos de prostitutas han dejado su huella prácticamente en toda la nación, con muchos casos sin resolver”.

Para Fox, “un sádico sexual puede cazar en las calles de su propia ciudad o navegar por los anuncios de Craigslist en busca de una mujer disponible (a veces hombre), buscando selectivamente lo que para él resulta más atractivo, lo que mejor puede satisfacer sus fantasías violentas. Por dinero o drogas, la desafortunada prostituta participará voluntariamente en hacer realidad el sueño del cliente, hasta que sea demasiado tarde para que ella pueda escapar”.

En la mañana del 30 de octubre de 1986, un hombre que colectaba latas de aluminio en Riverside, California, tropezó con el cuerpo de una joven que yacía al lado de una coladera. La ropa de la mujer estaba rasgada. En un primer vistazo, los agentes policiacos apreciaron que el área genital había sido mutilada.

La autopsia reveló que el cuerpo de Michelle Yvette Gutiérrez, de 23 años, nativa de Corpus Christi, Texas, presentaba un trauma severo en las zonas anal y vaginal, además de múltiples heridas producidas por un objeto punzocortante. Había, asimismo, marcas de ligaduras en el cuello de la víctima. El asesino había invertido una gran cantidad de odio en su ritual homicida.

Menos de seis años después del hallazgo del cadáver de Michelle Yvette Gutiérrez, el 9 de enero de 1992, un oficial de patrulla detuvo a un hombre que dio una vuelta prohibida a bordo de una camioneta. La licencia de William Suff estaba suspendida y el registro del vehículo había expirado.

Por protocolo, el hombre fue conducido a la estación de policía. Un agente vio que algunos rasgos del rostro de Suff coincidían con el retrato robot elaborado con información aportada por personas que atestiguaron haber visto al individuo marcharse con algunas de las prostitutas que días después aparecieron asesinadas.

La sesión de interrogatorios derivó en la detención de uno de los homicidas más sádicos de Estados Unidos, al que los medios apodaron El Asesino de Riverside.

William Suff, de 41 años, era un burócrata que trabajaba en la administración del condado Riverside. Decía que le gustaba escribir libros y la gente que lo conocía lo describía como “un amistoso nerd que siempre estaba haciendo cosas para ayudar a la gente”.

El lado oscuro de Suff no era tan amigable. En el lapso de 1974 a 1991 asesinó a entre 13 y 20 —o más—prostitutas, siempre de manera sádica, mutilando los genitales, sodomizándolas antes de morir. Sus crímenes abarcaron los estados de Texas y California.

En los años 70, Suff y su esposa fueron enviados a prisión después de que mataron a golpes a su hija de dos meses de edad. La pareja recibió una condena de 70 años, aunque a los 10 años quedaron libres al solicitar su derecho de libertad bajo palabra.

En julio de 1995, Suff fue hallado culpable de la muerte de 12 mujeres. En octubre del mismo año, un jurado recomendó la pena de muerte para el convicto. La condena aún no se cumple: William Suff vive en el corredor de la muerte de la Prisión Estatal de San Quentin.

En 1997, el escritor Brian Lane publicó el libro Cat and Mouse: Mind Games with a Serial Killer, con escritos y poemas de un hombre que odiaba a muerte a los prostitutas.

 

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