Vidas Ejemplares

Los asesinatos de Green River, un caso abierto

En 1982, la policía recibió los primeros reportes de la desaparición —en la Ruta 99 del condado King, en el estado de Washington— de varias jóvenes que habían huido de su casa y también de prostitutas. Tiempo después los cadáveres de algunas de ellas aparecieron en sitios boscosos remotos, cercanos al Green River (Río Verde).

Los homicidios continuaron hasta que en 2001 el sheriff Dave Reichert ordenó que se reexaminara la evidencia con la que contaban, solo que esta vez aplicando una tecnología novedosa: la prueba de ADN.

Reichert fue el primer oficial asignado al caso en 1982, nunca soltó la investigación y su tesón estaba por dar resultados. El análisis genético produjo una correspondencia entre los cadáveres y un hombre llamado Gary Leon Ridgway.

Reichert estaba desconcertado pues jamás imaginó que Ridgway estuviera involucrado en una cadena de asesinatos.

Gary Ridgway había nacido en Rochester, Nueva York, y después de regresar de Vietnam se instaló en el condado King, donde obtuvo un empleo como pintor de camiones. Aparentemente era una persona amistosa que iba de casa en casa predicando sobre las bondades de la iglesia pentecostal.

Nadie imaginaba que a la par de su fanatismo religioso, Ridgway tenía una obsesión por las prostitutas y que su apetito sexual era voraz. Las autoridades locales tampoco sabían que en su adolescencia el individuo intentó asesinar a puñaladas a un niño de seis años, solo porque "deseaba saber qué se siente matar a alguien".

Ridgway fue detenido el 4 de diciembre de 2001 como sospechoso del homicidio de cuatro mujeres. En su confesión, el individuo aceptó la culpabilidad que se le imputaba, aunque de paso indicó que había acabado con la vida de muchas más. Las investigaciones judiciales arrojaron que era el causante de al menos 49 homicidios de mujeres.

Ridgway estuvo casado en tres ocasiones. Al comenzar su carrera homicida vivía con su primera esposa. Aun así contactaba prostitutas o muchachas "desordenadas", las invitaba a su casa, donde las víctimas tenían sexo consensuado o eran violadas. Varias de ellas fueron estranguladas y después arrojadas en las orillas del Río Verde.

El 5 de noviembre de 2003, en un juicio dramático en el que los familiares confrontaron a un impávido asesino, Ridgway fue condenado a 49 sentencias consecutivas de cadena perpetua sin derecho a acceder a la libertad condicional. Por confesar todos sus crímenes, incluyendo algunos que la policía desconocía, el criminal evitó la pena de muerte.

En junio de 2012, los oficiales asignados a los casos fríos dieron a conocer que 30 años después de ser asesinada habían identificado a una de las víctimas de Ridgway, Sandra Denise Major, cuyo cuerpo fue enterrado en un cementerio local. La identificación se logró gracias a que un primo de la víctima proporcionó una muestra de sangre que correspondió con el ADN de la mujer.

El hallazgo detonó algo en la mente de Ridgway, quien, para que su notoriedad continuara en la mente del público o porque los remordimientos no lo dejaban dormir en paz, en 2013 convocó a una rueda de prensa en la que explicó que en realidad no eran 49 asesinatos los que había cometido sino entre 70 y 80.

Las autoridades de la Penitenciaría Estatal de Washington en Walla Walla apenas se inmutaron con la noticia, pues de acuerdo con sus investigaciones, las víctimas de Ridgway pueden estar cerca de las 200.

Sin embargo, detectives que han trabajado en el caso consideran que algunos de los homicidios que Ridgway presume como propios pudieron ser obra de otro asesino todoterreno, Ted Bundy, que en los años 80 mataba a placer en el estado de Washington, donde comenzó su carrera criminal.

operamundi@gmail.com
www.twitter.com/compalobo