Vidas Ejemplares

Un alma de Dios

Ni su madre lo reconocería en su actual estado espiritual. Peter Sutcliffe, de 68 años, casi ciego, diabético y obeso, todos los días lee la Biblia, toma chocolate, ve televisión y escucha música para relajarse.

En la primera semana de febrero de este año, Sutcliffe fue bautizado y renació en su nueva religión: Los Testigos de Jehová. La ceremonia tuvo lugar en las instalaciones de Broadmoor, un hospital penitenciario de máxima seguridad en Berkshire, Reino Unido.

Desde 1984, el hospital alberga a Sutcliffe, quien sufre de esquizofrenia paranoide. El interno fue trasladado de la prisión de Parkhurst, a donde ingresó el 22 de mayo de 1981.

Después de sufrir varios intentos de agresión en Parkhurst, finalmente otro reo, James Costello, logró acercarse lo suficiente para estrellar una cafetera de cristal con su contenido en el rostro de Sutcliffe, provocándole un tajo que lo dejó parcialmente ciego del ojo derecho y que ameritó 30 puntadas.

Ahora, en Broadmoor, Sutcliffe goza de varias canonjías. Por ejemplo: recibe visitas cuatro días por semana, en sesiones de cuatro horas. Asimismo, sale a atender diariamente una tienda de cerámica y dos veces a la semana asiste a sus clases de Biblia.

Su espíritu religioso le permitió experimentar sentimientos de empatía por el resto de los mortales. De hecho dice sentir, ahora sí, remordimientos por lo que hizo. Las autoridades británicas sabrán si deben creerle a Sutcliffe, quien en 1975 explicó que, mientras trabajaba en un cementerio, una voz proveniente de las tumbas le ordenó limpiar de pecado las calles de Yorkshire y Greater Manchester.

En 1974, Peter Sutcliffe se casó con Sonia Szurma, una joven de origen checo. Aprovechando los lazos sanguíneos, Robin Holand, su cuñado, lo invitaba cada fin de semana a los distritos rojos de Yorkshire.

Tiempo después, Holand indicó que los sentimientos de Sutcliffe hacia las trabajadoras sexuales eran ambiguos: experimentaba atracción por ellas, pero también decía odiarlas.

En junio de 1975, Sonia le dijo a su marido que no podrían concebir hijos. Algo sucedió en la mente de Sutcliffe: el 4 de julio siguiente, Anna Patricia Rogulskyj, de 36 años, regresaba a casa después de una reunión cuando fue atacada brutalmente.

Rogulskyj fue una de las siete mujeres que sobrevivieron el embate de Sutcliffe, 13 mujeres más no tuvieron la misma suerte: murieron con las entrañas de fuera en algún momento entre el 30 de octubre de 1975 y el 17 de noviembre de 1980.

Los ataques de Sutcliffe —quien era un atractivo conductor de tráiler— fueron nocturnos, por lo que existe la idea de que el individuo solo destripaba prostitutas. Es cierto que la mayoría de las víctimas fueron sexoservidoras, pero también se encargó de amas de casa, menores de edad e incluso profesionistas. La condición, simplemente, era ser mujer.

Desde su primer ataque, Sutcliffe no varió su modo de operar, incluso las siete sobrevivientes lo sufrieron en carne propia: golpeaba con un martillo la cabeza de su objetivo; con la presa ya indefensa, subía la blusa y sostén de las mujeres, les bajaba faldas y pantimedias; se hincaba frente a los cuerpos y hundía un desarmador en el vientre mientras se masturbaba. Aunque atacaba también espalda y rostro de las damas, el vientre era su objetivo predilecto. Los órganos quedaban bañados de semen.

Dos “hermanos” testigos realizaron la ceremonia de bautizo de Peter Sutcliffe. Éste dice ser un hombre feliz, pues por fin ha sentido remordimientos por los asesinatos que cometió. Pero la dicha es inigualable, dice, cuando piensa que irá al Paraíso, un destino seguro ahora que Dios lo ha perdonado y aceptado.

 

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