Vidas Ejemplares

Veía la muerte en los ojos

El primer lugar que Brasil no logró en el pasado Mundial de futbol está cerca de alcanzarlo en el rubro del asesinato serial.

En días pasados de este diciembre, la policía de Baixada Fluminense, suburbio de Río de Janeiro, detuvo a Saílson José das Graças, de 26 años, después de que el individuo asesinó a puñaladas a Fátima Miranda, de 62 años, en el municipio de Nova Iguaçu, delito que cometió por encargo de su pareja Cleusa Balbina, de 42 años, y José Messias, de 55.

Una vez detenido, las autoridades iniciaron el interrogatorio de Graças, aunque los agentes no estaban preparados para lo que escucharon a continuación.

Ausente de emociones, sin expresar remordimientos, Graças explicó que comenzó su carrera delictiva a los 14 años con robos menores, aunque a los 17 cometió su primer homicidio.

De acuerdo con Graças, en casi una década de carrera criminal acabó con la vida de 42 personas: 38 mujeres, todas de piel blanca; tres hombres (por encargo) y un menor de dos años.

La policía de Río de Janeiro sospechaba la participación de Graças en cuatro hoimicidios, pero no estaba en sus cálculos escuchar una confesión con detalles de cada asesinato que las autoridades habían evitado hacer pública.

Graças narró, de forma monótona, que fingía leer el periódico mientras observaba con paciencia a su víctima potencial. La estudiaba por semanas, incluso meses, se enteraba de dónde vivía, cómo era su familia. Cuando intuía que el control era suyo, iba por su objetivo, siempre de madrugada.

Expresó que a los hombres que asesinó por contrato lo hizo a balazos, que el niño de dos años murió porque lloraba mucho y Graças temió ser delatado por el llanto. En cuanto a las mujeres... era adicto a ellas. Las mataba con placer inusitado.

Todas sus víctimas femeninas fueron blancas, porque, de acuerdo con Graças, no atacaba a las de color, porque eran de su familia.

El criminal confesó que no violó a alguna de las mujeres, pero que era muy excitante verlas a los ojos mientras morían estranguladas. Le gustaba que ellas lucharan por su vida, que se defienderan, que lo arañaran, que intentaran golpearlo. Cuando alguna de ellas fallecía con los ojos abiertos, el asesino se masturbaba sobre el cuerpo inerte.

Tras la tempestad, llegaba cierta calma. El infractor pensaba en su asesinato más reciente, se recreaba en él por espacio de dos meses. Cuando sentía que estaba “nervioso” sabía que era el momento de comenzar una vez más la cacería.

El arresto de Saílson José das Graças ocurre dos meses después de que la policía detuvo a Tiago Henrique Gomes de Rocha, quien confesó el asesinato de 39 personas en tres años.

Rocha acabó con la vida de mujeres jóvenes, de prostitutas y hombres a los que él consideraba homosexuales.

Graças y Rocha ahora forman parte de la legión oscura de los asesinos seriales mas prolíficos en el mundo, un listado que aún lidera Alfredo Garavito, un criminal colombiano apodado Tribilín o La Bestia, y quien confesó ser causante de la muerte de casi 400 personas, la mayoría niños, aunque la policía solo ha podido probar la actuación del individuo en la muerte de 138 menores.

El término máximo de prisión en Brasil es de 30 años. Si no sale antes, Graças tendrá 56 cuando quede en libertad. El hombre ha expresado que para él asesinar es muy divertido y que en cuanto abandone la prisión volverá a matar. No hay que echar sus advertencias en saco roto.

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