Vidas Ejemplares

Texarkana: la amenaza fantasma

Una de las grandes pesadillas del fenómeno del asesinato serial en Estados Unidos comenzó de manera intempestiva. Fueron cuatro meses de terror en una ciudad, Texarkana, cuyo índice de criminalidad era bajo y cuyos delitos tenían más que ver con robos de poca monta y detenciones de fin de semana por excesos vinculados al alcohol.

El 22 de febrero de 1946, Mary Jeanne Larey, de 19 años, y su novio Jimmy Hollis, de 24, regresaban del cine. Antes de irse a casa, la pareja decidió estar un momento a solas en un paraje al que por las noches llegaban de vez en cuando jóvenes en busca de intimidad.

Mary y Jimmy estaban platicando cuando una sombra se colocó del lado del conductor. El individuo cubría su rostro con una capucha elaborada con un costal, con aperturas a la altura de los ojos y boca.

El sujeto les indicó que bajaran de la unidad. Minutos después ordenó a Jimmy que se desnudara totalmente. Al hacerlo, el joven recibió dos cachazos que lo dejaron sin sentido. El miedo provocó que Mary corriera para salvar la vida, aunque todo el tiempo escuchaba la pesada respiración del agresor detrás de ella.

Cuando por fin fue alcanzada, las luces de un auto rasgaron la oscuridad. El encapuchado decidió que el juego había terminado y con su pistola golpeó el rostro de la joven, que quedó tendida sin sentido hasta que una patrulla apareció.

Mary y Jimmy fueron agredidos, pero salvaron su vida.

El segundo ataque del elusivo asesino ocurrió el 24 de marzo del mismo año. Dentro de un auto, la policía encontró los cadáveres de Richard Griffin, de 29 años, y en el asiento trasero el de Polly Ann Moore. Los jóvenes fueron acribillados con un revólver calibre .32, y la joven fue violada.

Las autoridades ofrecieron una recompensa de 500 dólares para quien proporcionara datos que condujeran a la detención del encapuchado. Asimismo, lanzaron una campaña para invitar a que la gente no saliera de noche y para que echara el cerrojo a las puertas. No hubo resultados inmediatos.

El 13 de abril siguiente, los adolescentes Betty Jo Booker y Jerry Atkins, ambos pertenecientes a una banda musical, subieron al auto de él después de tocar en un local. La policía encontró los cuerpos en una zona solitaria. El cadáver del joven estaba a casi un kilómetro de distancia del auto en el que fue asesinada Betty, quien fue violada antes del homicidio. El saxofón de la chica apareció meses después en un camino de terracería lejano a donde la pareja fue sacrificada.

Después de que los Rangers se incorporaron a la cacería del criminal y de que el monto de la recompensa aumentó a 4 mil 200 dólares, el 3 de mayo Virgil Starks, de 36 años, y su esposa Katy, de 35, fueron atacados en el interior de su domicilio. La mujer escuchó dos detonaciones y el sonido de unos cristales que se rompían.

Aunque le dio tiempo de pedir auxilio por teléfono, el agresor la alcanzó en una de las recámaras. Uno de los disparos le voló los dientes y posiblemente el asesino creyó que la mujer había muerto, pues no volvió a disparar. Katy fue la única persona que sobrevivió el ataque armado del Fantasma de Texarkana.

En junio, un auto con las características del que supuestamente manejaba el homicida fue detectado afuera de un supermercado. La policía esperó a que el dueño se acercara al vehículo. Fue una mujer la que finalmente llegó al auto. Al ser detenida, dijo que la unidad pertenecía a su esposo, Youell Swinney, de 29 años, un hombre con antecedentes de robo de vehículo.

Nunca se pudo probar que Swinney fuera el homicida, pese a que se le suministró el suero de la verdad. Lo que es un hecho, es que, cuando el hombre fue enviado a prisión por robo de auto, los ataques del encapuchado cesaron. El caso del Fantasma de Texarkana sigue abierto.

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