Vidas Ejemplares

Simplemente, le gustaba matar

Fueron más de 40 horas de interrogatorio. El detective Jeff Bell, de la policía de Anchorage, Alaska, y Jolene Goeden, agente especial del FBI, por fin estaban frente a Israel Keyes, quien durante 11 años se dedicó a matar a diestra y siniestra. El hombre había sido detenido el 16 de marzo de 2012. En teoría, Keyes tenía mucho por confesar.

Sólo que los detalles de los homicidios que cometió, el individuo los brindó con cuentagotas. El detective Bell explicó que la desesperación estaba del lado de las autoridades. “Intentábamos saber por qué lo había hecho”, señaló el investigador. Hasta que el detenido respondió: “Mucha gente me pregunta por qué, y es muy simple, me gustaba, ¿por qué no?”

Keyes admitió que había estudiado las tácticas de otros asesinos seriales, que le agradaba ver películas basadas en grandes predadores como Ted Bundy, aunque aclaró que él prefería poner en práctica sus propias ideas, no las de los homicidas famosos.

El agente especial del FBI, Jolene Goeden, tuvo que aceptar que Keyes solo hablaría de lo que le interesaba; por ejemplo, de la emoción que le brindaba asesinar. “Habló de la adrenalina, de la excitación que le causaba”, explicó el agente.

El criminal fue detenido en Lufkin, Texas, después de utilizar una tarjeta de crédito perteneciente a Samantha Koenig, una joven de 18 años a la que asesinó y desmembró un mes antes de su aprehensión. El extenso interrogatorio permitió a las autoridades calcular que Keyes era responsable de al menos 11 homicidios, aunque la investigación continúa y se especula que la cifra tiende a crecer. También conocieron el modo de operar del infractor.

Keyes se estableció en 2007 en Alaska, donde ejercía como contratista en la industria de la construcción. A los 20 años se había unido a las fuerzas armadas de Estados Unidos y sirvió en Fort Lewis, Fort Hood y en Egipto. El aprendizaje obtenido en el medio castrense le serviría para hacerse de sus víctimas.

Desde Alaska como base de operaciones, Keyes viajó por distintos estados de la Unión Americana en busca de sus presas. Sus viajes los financió con dinero que obtenía a través del robo de bancos, de tiendas e incluso de sus víctimas.

De acuerdo con las investigaciones, Keyes elegía al azar un estado. Viajaba por avión a él, rentaba un auto y conducía incluso por varias horas antes de encontrar su objetivo. Una vez que lo encontraba, estudiaba el entorno. Una regla propia que jamás rompió fue que en la casa de la víctima potencial no hubiera niños ni perros.

Cuando tenía a la presa en su poder, la trasladaba a áreas solitarias como bosques, parques y muelles, entre otros. Ahí, el asesino se solazaba con sus víctimas, antes de asesinarlas y mutilarlas. Cuando la experiencia llegaba su fin, Keyes regresaba a Alaska.

La línea de homicidios de Israel Keyes abarca los estados de Nueva York, Washington, Wyoming, Texas, Arizona… y Alaska. De hecho, el error que el criminal cometió fue haber asesinado en su entorno inmediato.

En febrero de 2012, Keyes irrumpió en el hogar de Samantha Koenig. Ahí mismo la violó y estranguló. Horas después, el asesino regresó por el cuerpo. Se dirigió al lago Matanuska, donde desmembró el cadáver. Casi un mes después del homicidio, Keyes fue arrestado tras utilizar la tarjeta de crédito de Koenig.

¿Hay más víctimas mortales de las que la policía especula? La respuesta tendrán que buscarla las autoridades. El 2 de diciembre de 2012, Israel Keyes fue hallado muerto en su celda. Aparentemente se suicidó cortándose las venas con una navaja y estrangulándose con una sábana. Lo raro es que la navaja nadie la halló.

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