Vidas Ejemplares

Niños almacenados en cajas

En 1991, Eric Hickey, decano de la Escuela de Estudios Forenses en la Universidad Internacional de Alliant, California, publicó su libro Serial Murderers and Their Victims. A través de un estudio de casos ocurridos en los siglos XIX y XX, el especialista señalaba algunos rasgos que diferencian a las mujeres de los hombres al momento de matar.

Hickey apuntó que contrariamente al temperamento explosivo y los celos que motivan a los varones, las asesinas son mucho más sutiles. Éstas son tímidas y cuidadosas al momento de planear y realizar sus homicidios.

En lo que respecta al asesinato serial, las mujeres no matan por motivos sexuales, como sucede generalmente con los varones de este rubro. En este mismo contexto, los hombres atacan regularmente a extraños, mientras que las mujeres muestran o tienen alguna cercanía con sus víctimas.

El homicida pluralista varón —continuando con la investigación de Hickey— tiende a acabar con sus víctimas cara a cara, utilizando algún arma de fuego o punzocortante o mediante el estrangulamiento. El especialista añade que “Los asesinos [seriales] usualmente despliegan una violencia exuberante, acompañada por un baño de sangre”.

La urgencia sexual prácticamente está ausente en lo que concierne a las asesinas reiterativas. Éstas, generalmente, “matan con un objetivo de beneficio (75 por ciento), por control (13%) o por venganza (12%)”.

Finalmente, en este resumen, los ataques de los asesinos seriales ocurren en periodos que van de algunos meses, a en casos extremos, cuatro años. No es el caso en las homicidas reiterativas: su actividad mortal va de seis a ocho años y, en ocasiones, abarca hasta tres décadas.

HORROR EN UTAH

Hace unos días, el 14 de abril, un hombre llamado Darren Brad West, recién salido de prisión, escombraba una casa que no habitaba desde 2011 en la ciudad Pleasant Grove, Utah. Al remover unas cajas en el garaje, encontró en una de ellas los restos de un bebé. Llamó a su esposa, quien residía en otra ciudad y de la que se encontraba separado desde hace años, y ésta le respondió que el infante era de ella, pero que había nacido muerto.

Para no abundar en sus problemas judiciales, West llamó a la policía. Al revisar de forma más minuciosa, los agentes hallaron otros seis cadáveres de bebés, envueltos en camisetas o toallas, todos en bolsas de plástico, en igual número de cajas de cartón.

La mujer, Megan Huntsman, de 39 años, acudió a la comisaría de Pleasant Grove, confesó las muertes, quedó detenida y se le impuso una fianza de 6 millones de dólares, una cantidad considerable, pero con la que se intenta impedir que evada la acción de la justicia. La presunta asesina carece de antecedentes penales. Solo una multa de tránsito existe en su historial.

Hasta el momento se desconocen cuáles fueron los motivos que impulsaron a la señora Huntsman a asesinar a los recién nacidos. Se ignora, asimismo, si el padre de los bebés es Darren West, y de ser así, cómo es que éste nunca preguntó por el destino de los niños.

Los asesinatos ocurrieron en un lapso de 10 años. Al marcharse, Huntsman dejó en su antigua residencia a tres de sus hijas, con edades que van de los 13 a los 20 años, y las siete cajas con los cuerpos de los recién nacidos.

La saga que ha conmocionado a la comunidad de Pleasant Grove ocurre en el estado de Utah, uno de los primeros en aprobar la ley Newborn Safe Haven, en la que un padre puede entregar a su hijo en un hospital de forma anónima sin necesidad de preguntas. La normatividad, tendiente a proteger a los recién nacidos, fue votada y aprobada en 2001 “para que los bebés estén más seguros”.

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