Vidas Ejemplares

¿Y si el "Monstruo" está de regreso?

Contrariamente a lo que se creyó por mucho tiempo —que el homicidio serial era un crimen casi exclusivo de países protestantes—, actualmente hay naciones con un acendrado catolicismo que han aportado sus propias estadísticas al fenómeno del asesinato pluralista.

Italia es uno de esos países y sus cifras mostradas no son para subestimarse. Desde 1950, esa nación registra más de 40 casos —documentados— de homicidio reiterativo. Por supuesto, dicha estadística palidece cuando se la compara con las gráficas elaboradas por los expertos en crimen —por mencionar solo dos ejemplos— de Estados Unidos y Alemania. 

Lo llamativo del caso italiano son los apodos que brindan público y medios a sus predadores locales.

Mientras que en Estados Unidos los apelativos de los homicidas seriales son variados —“el caníbal de…”, “el asesino de la autopista tal”, “el hombre lobo de…”, “Pogo el Payaso”, entre muchos otros, y en Alemania abundan los “vampiros” —el de Hannover y el de Düsseldorf, por ejemplo—, en Italia dos de sus grandes tres episodios de asesinato en serie reciben el nombre de “monstruos” (de Florencia y de Liguria) y uno más el de “vampiro” (de Liguria).

La saga del Monstruo de Florencia duró 17 años (de 1968 a 1985), suficientes para que se “encimara” en los años 70 con las investigaciones que la policía realizaba para intentar detener al Demonio de Torino.

El capítulo del Monstruo de Florencia (que en realidad debió llamarse los Monstruos de Florencia) culminó después de 16 homicidios de hombres y mujeres y con la detención de una pandilla de ancianos pervertidos que practicaban la magia negra.

La cabeza del grupo era Pietro Pacciani, un taxidermista de 68 años. El anciano fue detenido, liberado por falta de pruebas, y cuando iba a ser arrestado nuevamente, apareció muerto en su casa el 23 de febrero de 1998. Aunque tenía la trusa a la altura de los tobillos y la playera anudada al cuello, las autoridades declararon que la muerte del hombre se debió a un ataque cardiaco.

Tres ancianos más —Mario Vanni, Giovanni Faggi y Giancarlo Lotti— fueron enviados a prisión y el caso del Monstruo de Florencia se cerró, pese a que nunca hubo mucha claridad en torno a la participación de los ancianos mencionados en la serie de asesinatos.

En la segunda semana de mayo de este año, un hombre de 80 años tropezó con el cadáver de una prostituta rumana llamada Andrea Cristina Zamfir, de 26 años. El cuerpo reposaba en la misma zona donde el Monstruo de Florencia se deshizo de varias de sus víctimas.

Lo más inquietante del hallazgo era un mensaje escrito en la pared que decía: “Aquí hay prostitutas”, una leyenda similar a las que aparecieron en los sitios de los crímenes cometidos por el predador florentino.

Había más detalles escabrosos que remitían al pasado. El cadáver de Andrea estaba arrodillado, desnudo y crucificado en una barra. Los cuerpos crucificados, sobre todo de mujeres, fueron una constante en el periplo del Monstruo de Florencia.

La agresión a Andrea Zamfir es parte de una cadena de delitos sexuales cometida por lo que la policía italiana especula es un grupo de copycats (copiones) que honra al mencionado Monstruo.

Mientras tanto, las autoridades arrestaron a un fontanero llamado Richard Vines, de 55 años. El perfil del sujeto detenido corresponde con algunas de las descripciones de prostitutas que han sobrevivido, aunque solo es uno más entre varios retratos que la policía maneja.

La aprehensión de Vines es la buena noticia en este episodio de homicidio. La mala es que el Monstruo de Florencia fue un caso que no se cerró con la contundencia que da la certeza. Quedaron muchos cabos sueltos, y alguno de esos eslabones puede estar de regreso.

 

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