Vidas Ejemplares

Medea de carnaval

El Carnaval de Veracruz, inaugurado en 1925, es uno de los más alegres del mundo, de acuerdo con Wikipedia. Alegre, quién sabe, pero de que es una celebración escandalosa y excesiva, nadie lo pone en duda.

Y como todo carnaval, cada año nombra una reina, la cual llega al trono a través de una campaña y por supuesto a la cantidad de dinero que cada una de las damas pretendientes recauda en su serie de actividades en pro de obtener el galardón.

En 1983, Evangelina Tejera Bosada, de 18 años, con solo tercer grado de secundaria, pero bella y ojiverde, fue designada Reina del Carnaval de Veracruz, en gran parte gracias a la ayuda de su padre y a los amigos ricos e influyentes de éste.

Evangelina venía de un hogar fracturado, en el que la madre había decidido marcharse, cansada de las golpizas que le propinaba su marido, un médico con una fuerte inclinación a la bebida. Inicialmente, Evangelina vivió con su progenitora, solo que la señora tenía sus ideas y reprochaba a su hija ser mujer y ocasionar gastos.

La joven decidió buscar a su padre, quien no solo aceptó que su hija viviera con él, sino que la preparó para ser una “dama de sociedad”: recibió clases de tenis, de piano, asistía a cenas de gala y actos en los que los reporteros de las secciones sociales estaban presentes.

Por lo mismo, cuando fue nombrada candidata a Reina del Carnaval, muchos sabían que ganaría la competencia sin despeinarse.

Como parte de su coronación, Evangelina compartió sonrisas con gente famosa de entonces, como Lila Deneken, Dulce, Abraham Méndez y Raymundo Capetillo, además de que apareció en el programa de televisión más famoso de la época: Siempre en domingo. Todo era miel sobre hojuelas para la chica.

Solo que Evangelina no fue preparada para lidiar con la vida una vez que se apagan los reflectores de la farándula. Comenzó a consumir alcohol y cocaína con regularidad. En sus relaciones afectivas elegía generalmente hombres abusadores que incluso la golpeaban. Con uno de ellos, la joven tuvo dos hijos, que no fueron reconocidos por el progenitor.

Madre soltera, adicta y mitómana, apoyada económicamente por su familia y algunos amigos, rentó el departamento 501 en un edificio donde alguna vez estuvo la Lotería Nacional del puerto.

Como el dinero para sobrevivir debía provenir de alguna fuente, el apartamento se convirtió en un lugar de fiesta y francachela. Para que sus hijos no molestaran a ella y la clientela, los encerraba en una de las habitaciones. Pero a la par de la belleza de Evangelina, las celebraciones también fueron a la baja.

Para 1989 nadie podía imaginar que Evangelina había sido Reina del Carnaval. Desesperada, sola, con un fuerte síndrome de abstinencia, el 18 de marzo de ese año perdió el control ante el llanto de su hijo de tres años. Decidió tomarlo de los pies y estrellarlo contra el piso. El menor murió a causa de los impactos. El hermanito de dos años sufrió el mismo destino.

Existe la versión de que, para deshacerse de los cuerpos, Evangelina intentó incinerar los restos de sus hijos en el horno de la cocina. Lo cierto es que la mujer colocó los cuerpos en una mesa y con la ayuda de varios cuchillos los redujo a trozos para después sembrarlos en dos macetones que adornaban el apartamento.

Fue el hermano menor de Evangelina quien acudió a la policía, después de notar la ausencia de los niños.

Evangelina fue condenada a 20 años de prisión, castigo que cumplió en el penal estatal Ignacio Allende, donde se convirtió en juguete sexual de hombres y mujeres relacionados con ese lugar de encierro.

En 2006, la ex reina de carnaval, esa vez evitando cualquier reflector,  fue puesta en libertad.

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