Vidas Ejemplares

Mató a sus hijos porque los amaba

George Banks, de 40 años, era un hombre complejo. Hijo de un padre afroamericano y una mujer caucásica, odiaba ambas razas y uno de sus grandes temores era ser “un basurita blanca”. Sus vecinos lo consideraban un hombre tranquilo, pero en una ocasión vieron cómo noqueó a una de sus novias para después patearla en el piso.

Había sido guardia de prisión, aunque también estuvo preso siete años por intento de robo. Decía amar a sus hijos, a quienes “protegió” para siempre con una medida radical.

Religioso, veterano de la milicia, decía que libraba una batalla espiritual contra el Anticristo, que reinaba desde Nueva York; que en su estado, Pensilvania, se había instalado la religión islámica; y que tenía “una guerra privada contra el presidente estadunidense Bill Clinton y contra Monica Lewinsky”.

La noche del 24 de septiembre de 1982, Banks se fue a la cama en su domicilio de Wilkes Barre, Pensilvania, después de tomar sus medicamentos prescritos con la ayuda de unos tragos de ginebra.

Al día siguiente, aún en camiseta y calzones, cogió su rifle semiautomático AR-15 y se dispuso a cumplir la misión a la que estaba llamado. ¿Qué misión? Banks nunca ha declarado por qué protagonizó un episodio que dejó sin aliento a su país y al mundo.

Su familia —su novia en turno, dos de sus ex novias y los cinco hijos que había tenido con las tres mujeres— dormían plácidamente. Los ocho integrantes fueron ejecutados en sus camas.

Al parecer, el individuo amortiguó el sonido del rifle colocando almohadas en la cabeza de sus víctimas, y salvo por algunos cristales, prácticamente los vecinos no escucharon algo que los alertara de inmediato.

Después de acabar con su familia, Banks se vistió de uniforme militar y abandonó su casa. Mientras cruzaba la calle, se encontró con dos de sus vecinos: Jimmy Olsen, de 22 años, y Ray Hall. Ambos fueron baleados por Banks. Olsen vivió para contar su pesadilla. Hall murió instantáneamente en el asfalto.

Banks regresó a su domicilio, tomó su auto y condujo hasta el parque de casas móviles Heather Highlands, donde vivía otra de sus ex amantes, Sharon Mazillo. El hombre forzó la entrada, acribilló primero a Sharon, después a la madre y un hermano de su antigua pareja.

El hijo de un año de Sharon despertó, solo para que Banks colocara una almohada en la cabeza del infante y disparara. Otro hermano de Sharon se ocultó en un armario y logró salvar la vida. El sobreviviente llamó a la policía y señaló que George Banks había sido el atacante. Los agentes relacionaron las agresiones que habían costado 13 muertes —siete niños, cinco mujeres y un hombre— y fueron en busca del asesino.

Banks entró a un bar, dejó su auto en el estacionamiento del local, robó un vehículo y fue dormir unas horas a un parque antes de dirigirse a la casa de su madre. La mujer abrió la puerta, vio que su hijo lloraba y “olía a licor”. Cuando la mujer preguntó qué sucedía, el hombre respondió: “Maté a todos, mamá. A los niños y a las muchachas. A Regina, a Sharon… a todos”.

La señora sabía que su hijo tenía problemas mentales, por lo que decidió llamar a la casa de éste para cerciorarse si su hijo mentía. Respondió un policía, quien explicó que los niños estaban vivos. Banks tomó el teléfono y gritó que era una mentira, que él sabía que había matado a todos.

La madre decidió entregar a su hijo a las autoridades y dio a la policía el domicilio en el que ambos estaban.

El 22 de junio de 1983, George Banks fue sentenciado a 12 sentencias de muerte. Solo que el 12 de mayo de 2010 fue declarado incompetente para ser ejecutado. A partir de entonces, el hombre ha intentado suicidarse en varias ocasiones.

 

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