Vidas Ejemplares

Lápiz labial para la "Dalia Negra"

La mañana del 15 de enero de 1947, la señora Betty Bersinger y su hija de tres años caminaban por la sección Leimert Park de Los Ángeles. Al pasar frente a un lote baldío vieron lo que parecía ser un maniquí.

Al acercarse, la pareja se percató que el cuerpo no era un monigote, sino una mujer mutilada. El ama de casa y su hija, oficialmente, son los primeros testigos del que se considera el Santo Grial de los homicidios sin resolver: el de Elizabeth Short, la Dalia Negra.

El cadáver de Short estaba cortado en dos a la altura de la cintura. La mitad de arriba tenía los brazos descansando sobre el pasto y por arriba de la cabeza. La parte de abajo —alineada, pero a casi medio metro de la de arriba— fue colocada con las piernas abiertas, exponiendo los genitales.

Asimismo, el cuerpo mostraba una herida vertical de unas cuatro pulgadas, justo entre el ombligo y el monte venéreo que al parecer fue utilizada como una vagina adicional para el placer del asesino. Ambos senos fueron abiertos por la parte inferior y dos largas incisiones que partían de las comisuras de los labios se extendían a lo largo de las mejillas hasta casi alcanzar los oídos.

Ninguna de las mitades del cuerpo contenía sangre, lo que indicaba que había sido previamente drenado. La dilatación del ano sugirió que la mitad inferior de Short fue utilizada para propósitos sexuales después de muerta.

Por el sadismo invertido en el homicidio de Short, el caso pronto se contaminó con decenas de especulaciones. Por ejemplo, el apodo Dalia Negra presuntamente fue adoptado por la propia Elizabeth Short inspirándose en la cinta The Blue Dahlia. Lo cierto es que el sobrenombre fue aportado por un periodista para dar mayor dramatismo a sus notas.

En cuanto a los sospechosos, más de 100 personas desfilaron por los cuarteles del Departamento de Policía de Los Ángeles para rendir su testimonio. La mayoría de ellos eran personas enfermas que se adjudicaban un asesinato del que no tenían siquiera idea de cómo había ocurrido.

Aunque otros nombres salieron a relucir como posibles causantes del crimen, entre ellos el magnate estadunidense de los periódicos William Randolph Hearst, cuyo mayor pecado fue invitar a Elizabeth Short y a varias de las amigas de ésta a una de las escandalosas fiestas que organizaba en alguna de sus mansiones o departamentos.

William Heirens tenía 17 años cuando fue detenido como sospechoso de tres homicidios. En uno de los escenarios de sus delitos escribió con lápiz labial el siguiente mensaje en un muro: “Por Dios, atrápenme antes de que vuelva a matar”, por lo que fue apodado El asesino del lápiz Labial.

 

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