Vidas Ejemplares

¿Jackie ‘la Destripadora’?

Son decenas los sospechosos en torno al homicidio de cinco prostitutas ocurrido en el distrito londinense Whitechapel en 1888, en que el presunto asesino en serie firmó con el que ahora es el nombre más enigmático en la historia del crimen mundial: Jack el Destripador.

Destacan los nombres del artista plástico Walter Sickert (1860-1942), a quien la escritora estadunidense Patricia Cornwell presenta como el mutilador en el libro Portrait of a Killer:Jack the Ripper Case Closed. Para sustentar su acusación, la autora invirtió más de 6 millones de dólares en su investigación, en la que incluso adquirió algunos de los óleos del artista bajo sospecha.

De acuerdo con la escritora, en algunos de los trabajos de Sickert se aprecian mujeres, al parecer muertas, con hombres de aspecto siniestro a un lado. Las poses de las damas son muy parecidas a la forma en que fueron halladas algunas de las víctimas del destripador.

En el mismo contexto, hasta Lewis Carroll, autor de Alicia en el País de las Maravillas, se ubica en la lista de sospechosos. El nieto de la reina Victoria, al que presuntamente una prostituta contagió de sífilis, también aparece en el cuadro de horror.

Sir John Williams, ginecólogo de la familia real, recientemente ha sido añadido a la lista, sobre todo porque, como apunta el autor John Morris en su libro The Ripper: The Hand of a Woman, mantuvo amoríos con al menos con una de las víctimas del más prominente de los viscerófilos.

Solo que en el mismo libro, Morris señala que un personaje que en la trama de los homicidios había mantenido un perfil bajo tiene todos los elementos para ser Jack el Destripador: la esposa infértil del ginecólogo, la señora Lizzie Williams.

La teoría de Morris se sustenta en el hallazgo de un científico australiano que en 2006 utilizó hisopos de las cartas que presuntamente Jack el Destripador envió a la policía. Los resultados apuntan a que fue una mujer la que asesinó y mutiló a las cinco prostitutas de Whitechapel.

La tesis de Morris abunda en que la galesa Lizzie Williams sembró el terror durante 10 semanas en Whitechapel, asesinando a las prostitutas motivada por la frustración de no poder concebir hijos.

Mary Ann Nichols, Anne Chapman, Elisabeth Stride, Catherine Eddowes y Mary Jane Kelly, sufrieron la extirpación de útero y ninguno de los cadáveres mostró señales de agresión sexual. El blanco de las agresiones fue contra ese órgano, que en Lizzie Williams no funcionaba.

En el caso del asesinato de Annie Chapman, ocurrido el 7 de septiembre de 1888, los periódicos de la época resaltaron la forma en que el homicida colocó los objetos personales a los pies de la víctima, que la prensa calificó de “una forma muy femenina”.

La última presa del destripador fue Mary Jane Kelly, cuya muerte ocurrida el 9 de noviembre del año referido, destacó por la brutalidad con la que fue sacrificada. Además de ser degollada y desmembrada, la nariz, orejas y senos fueron extirpados, al tiempo que sus vísceras fueron desplegadas por toda la habitación.

La policía recabó, además de las partes de Kelly, algunas prendas femeninas colocadas sobre la chimenea, ropa que no pertenecía a la trabajadora sexual.

Morris explica en su libro que Sir John Williams aplicaba sus conocimientos para ganar dinero adicional mediante la práctica de abortos. Una de sus clientes fue Mary Kelly, con la que mantenía relaciones extramaritales. De ahí, la furia que presuntamente aplicó Lizzie Williams al asesinarla.

Por supuesto, a más de 120 años de distancia es casi imposible determinar la culpa de la señora Williams en la serie de homicidios. Pero lo que es un hecho es que el fantasma de Jack el Destripador está más vivo que nunca y que aún recorre las calles de Londres.

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