Vidas Ejemplares

Homicidio serial, ¿a la baja?

A raíz de la detención en Indiana de Darren Deon Vann, en la segunda quincena de octubre pasado, el afroamericano sospechoso de haber asesinado a siete mujeres en una carrera que abarca 20 años, los prominentes profesores estadunidenses de criminología James Alan Fox y Jack Levin escribieron para la cadena CNN un análisis del fenómeno del homicidio serial.

Con el título A Surprising Truth About Serial Killings, los especialistas señalan que el caso de Darren Deon Vann es el ejemplo más reciente de un tipo de crimen que se ha vuelto familiar para el público gracias a series televisivas como CSI, Criminal Minds y Law and Order, donde el predador reiterativo es el protagonista.

Los analistas explican que el asesinato serial alcanzó su cresta más alta en las décadas 70 y 80 del siglo pasado. A partir de entonces, el fenómeno ha declinado de forma dramática, añaden Fox y Levin. En los 80, de acuerdo con los expertos mencionados, se estimaba en 200 el número de homicidas pluralistas actuando en Estados Unidos; para la primera década del siglo XXI la cifra había descendido a la mitad.

¿Las causas? Fox y Levin listan varias. La primera de ellas se presenta en los años 90 con el aumento en la población penitenciaria, que mantiene a muchos predadores violentos —incluyendo asesinos reiterativos potenciales— a buen resguardo. Si en los años 80 el número de presos bajo la jurisdicción federal rondaba los 330 mil, para los 90 la cifra había escalado a 773 mil y para 2009 era de un millón 600 mil.

Asimismo, los especialistas añaden el progreso en las técnicas de investigación, entre ellas los avances en las bases de datos de ADN, la comunicación judicial a escala federal, la alerta Amber, los registros de ofensores sexuales, los sistemas de videovigilancia y de rastreo mediante GPS en autos y teléfonos móviles, entre otras, que han resultado de gran ayuda para las autoridades.

Fox y Levin destacan también el incremento de medidas precautorias de los padres hacia sus hijos, por ejemplo, la prohibición de que los menores jueguen en la calle, una práctica común décadas atrás, como también era común que los jóvenes viajaran de aventón, lo que representaba una oportunidad soñada para los asesinos seriales que elegían las carreteras como coto de caza.

Los estudiosos son cautos ante el descenso en el número y actividad de asesinos seriales. Abundan en que no hay que cantar victoria, pues en los años recientes hay una gran cantidad de casos en el rubro que permanecen sin solución, lo que por supuesto debilita cualquier base de datos.

Señalan, asimismo, que, así como la tecnología ha contribuido a la captura de ese tipo de homicida, los infractores han variado su modo de operar, así como el tipo de víctimas que eligen.

Aun así, el problema está lejos de resolverse, indican Fox y Levin. Muestra de lo anterior es que, en promedio, las autoridades de Estados Unidos capturan a 10 asesinos seriales por año.

En lo que respecta a las víctimas de Darren Deon Vann, todas ellas prostitutas, Fox se apoya en los estudios de la criminóloga Kenna Quinet, de la Universidad de Indiana, para señalar que al menos un tercio de los asesinos seriales ha incluido prostitutas en su menú.

Dichos infractores ven a las trabajadoras sexuales como “máquinas sexuales programadas para dar placer en la vida o en la muerte”, añade Fox. Al deshumanizar a la víctima —abunda el especialista—, el homicida reiterativo ve a la prostituta como alguien que está por debajo de la humanidad.

Solo que, como declaró Lori Townsend, madre de la última presa de Vann, “no hay ‘nadies’, hay hijas de alguien, madres de alguien, hermanas de alguien”. 

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