Vidas Ejemplares

El asesino que ocultó su secreto por 20 años

En mayo de 1997, Sandra Sapaugh, de 19 años, estaba en la cabina telefónica de una gasolinera en la carretera Interestatal 45 de Houston. Su auto se había averiado y tenía la esperanza de que un familiar o amigo acudiera a ayudarla.

Un hombre se le acercó y se ofreció a llevarla a algún lugar donde pudiera pedir una grúa. Sandra se negó amablemente, ante lo que el individuo cambió de táctica: a punta de cuchillo subió a la muchacha a su vehículo.

Mientras recorría la carretera, el raptor ordenó a su presa que se desvistiera. Sandra tenía tres meses de embarazo, pero sintió tanto miedo que prefirió arrojarse al asfalto con el auto en movimiento.

La joven quedó lesionada seriamente, salvó la vida y su descripción del criminal ayudó a que lo capturaran. La detención ocurrió cinco meses después de la agresión, demasiado tiempo para un violador serial.

Con los datos aportados por Sandra, el conductor de taxi William Reece fue detenido y un año después condenado a 60 años de encierro en Huntsville, Texas.

En 1997, el FBI estaba lejos de concluir su base de datos a escala nacional. La única información con la que se contaba de Reece era que había nacido en Yukon, Oklahoma, que tenía poco de haber llegado a Houston, que era un experto en herraje de caballos y que había trabajado también en la industria de la construcción antes de ser taxista.

Poco a poco, las autoridades tuvieron mayores datos del preso. Por ejemplo, en 1985 raptó a una joven que pedía ayuda en la carretera. Reece apareció como por arte de magia. Convenció a la chica de que la llevaría a un taller.

No hubo tal taller. A punta de cuchillo, el individuo obligó a la mujer a que le practicara sexo oral. Cuando la víctima preguntó por qué la estaba agrediendo, el hombre simplemente respondió "porque estoy loco".

Después de ser violada en varias ocasiones en una habitación de motel, la muchacha logró salir. Llegó a la recepción, donde había varias personas. El agresor la alcanzó, le dio una moneda para que hiciera su llamada y se marchó, no sin antes pedir a la chica un beso de despedida.

Por esa acción, Reece fue detenido y condenado a 25 años de prisión, aunque por mecanismos legales quedó libre a los 10 años.

Las autoridades siempre sospecharon que Reece era algo más que un violador serial. Los investigadores de la unidad de casos fríos, con base en pruebas genéticas, concluyeron que Reece tenía asuntos por explicar.

Había varias desapariciones y unos homicidios sin aclarar. Los exámenes de ADN apuntaron en dirección de Reece, quien aceptó que había matado a algunas mujeres. Indicó que sentía remordimiento por sus acciones y que estaba decidido a colaborar con la policía indicando los lugares en los que había enterrado unos cuerpos.

Hace unos días, la policía de Houston dio a conocer que William Reece, después de 20 años, confesó que violó a siete mujeres y asesinó a cuatro de ellas: Laura Smither (12 años), Tiffany Johnston (19 años), Jessica Cain (17 años) y Colli Cox (19 años).

Colli fue raptada y asesinada por Reece dos meses antes de ser detenido en 1997. Esta semana, el criminal condujo a los agentes al lugar en el que presuntamente fue enterrada la víctima.

Para el experto en homicidio serial, Jack Lavin, profesor emérito en la Universidad del Noreste de Boston, no hay remordimiento en la confesión de Reece sino que solo busca eludir la pena de muerte.

"La mayoría de asesinos seriales", señala, "son sádicos sexuales que consideran sus crímenes como grandes logros que han alcanzado en la vida. Son maestros manipuladores que utilizan la violación como una forma de tortura". A menudo, añade, "el asesinato solo es como un pie de página para evitar testigos".

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