Vidas Ejemplares

Hombre de familia, arquitecto y asesino sexual caníbal

Desde el inicio del siglo XX, Alemania ha sido un escenario de crímenes atroces cometidos por asesinos seriales con las más variadas parafilias.

Solo tres ejemplos extremos.

Bruno Ludke, entre 1928 y 1943 acabó con la vida de más de 80 mujeres de edades variadas de Múnich, Hamburgo y Berlín. Fue un homicida y violador sexual que apretaba el cuello de sus víctimas mientras las asfixiaba con las manos.

Fritz Haarmann, el famoso Vampiro de Hannover, mató a al menos a 30 personas entre 1919 y 1924. Caníbal y violador serial, junto con su cómplice, Hans Grans, atraían a sus víctimas en bares de homosexuales, las violaban, mataban, canibalizaban los cuerpos y los restos los convertían en embutidos que vendían en los mercados locales.

Peter Kürten, el Vampiro de Düsseldorf, de 1925 a 1930 asesinó a nueve mujeres de entre ocho y 70 años. Mataba por lujuria. Si alcanzaba el clímax sexual antes de que su presa muriera, la dejaba ir. Provocaba heridas profundas para succionar la sangre de las víctimas.

El preámbulo anterior viene a colación porque a mediados de mayo pasado la policía concluyó, con base en investigaciones que realizó en dos años, que un arquitecto paisajista, al que han dado el nombre de Manfred S., es el Mutilador de Fráncfort, de quien se sospecha tuvo una carrera criminal de más de 20 años.

En septiembre de 2014, un mes después de la muerte de Manfred S., la hija de éste acudió a limpiar la casa de su padre. Al remover objetos del garaje del inmueble dio con una especie de alcantarilla en la que estaba oculto un cadáver.

La investigación forense concluyó que los restos correspondían a la prostituta Britta Simone Diallo, quien murió al menos 10 años atrás antes de ser encontrada.

El cuerpo de Britta fue mutilado; le faltaban brazos y piernas, además de algunos órganos internos. Las autoridades especulan que sirvieron para el consumo del asesino.

Con el hallazgo en el garaje del arquitecto pensionado, la policía vinculó otro homicidio ocurrido en 1971, el de Gudrun Ebel, de 19 años, cuyo cadáver fue recobrado de un jardín. Su abdomen fue abierto en canal y faltaban algunos de sus órganos.

Pese a la peculiaridad del homicidio, la policía no hizo mucho por investigar el caso, aunque 45 años después ha reconocido que fue otra de las víctimas de Manfred S.

Las autoridades sospechan que el pensionado está involucrado en al menos 10 asesinatos, pero solo han podido comprobar su participación en seis casos, incluido el de un adolescente de 13 años, cuyo cuerpo mutilado fue encontrado en un túnel. Fue raptado cuando regresaba a su casa después de salir de la escuela.

De los seis homicidios, cinco fueron de prostitutas. Todos los cuerpos mostraban amputaciones de brazos y piernas, además de sustracción o remoción de órganos.

De acuerdo con los testimonios de la gente que lo conoció, Manfred S. era un hombre tranquilo, trabajador, apegado a su familia. Después de pensionarse, pasaba el tiempo arreglando su jardín y en labores de mantenimiento de su casa y la de algunos vecinos.

La policía considera que el lapso de carrera homicida de Manfred S. se prolongó dos décadas porque estaba "muy ocupado" trabajando, dedicado a su familia y en los pocos tiempos libres que tenía salía a satisfacer sus necesidades de matar.

Los investigadores aún no determinan si el arquitecto pensionado fue el asesino de dos prostitutas, cuyos cadáveres fueron hallados sin cabeza.

Manfred S., el Mutilador de Fráncfort, murió de cáncer. Es uno más de los ogros que ha dado Alemania, con la salvedad de que este asesino nunca estuvo siquiera un par de horas en una estación de polIcía.

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