Vidas Ejemplares

¿La secta de 'El Hijo de Sam' en Phoenix?

La madrugada del 29 de julio de 1976, una nueva pesadilla dio inicio en la ciudad de Nueva York, cuando un hombre, amparado en la oscuridad, caminaba por una calle residencial buscando un objetivo: al ver un automóvil Oldsmobile, en cuyo interior conversaban dos adolescentes, el individuo extrajo un revólver calibre .44 de una bolsa de papel de estraza y abrió fuego. Una de las jóvenes fue gravemente herida, la otra, Donna Lauria, de 18 años, murió de forma instantánea.

Siete meses, cuatro ataques y dos muertes después, arrancó la cacería policiaca más grande en la historia de la urbe de hierro. Trescientos oficiales fueron asignados al caso, pero la juventud neoyorquina continuaba aterrorizada por un fantasma armado que deambulaba por las noches reclamando más víctimas y encabezados de los principales rotativos de Estados Unidos.

Tras ser arrestado en agosto de 1977, David Berkowitz, El Hijo de Sam, confesó el asesinato de seis personas en el curso de ocho tiroteos en Nueva York. Berkowitz declaró que un demonio que poseyó al perro de su vecino le ordenó cometer los asesinatos.

Más adelante, el hombre cambió su declaración y afirmó que solamente fue el tirador en dos ocasiones, asesinando personalmente a tres personas e hiriendo a una cuarta. Las otras víctimas fueron asesinadas, de acuerdo con Berkowitz, por miembros de una violenta secta satánica —la Iglesia del Proceso del Juicio Final— de la cual él era miembro.

Muchos oficiales involucrados en el caso de El Hijo de Sam apoyaron la teoría de que más de una persona cometió los homicidios. El caso fue reabierto en 1996 y aún mantiene ese estatus.

La detención de David Berkowitz coincidió con el fin de la ola de asesinatos en Nueva York atribuidos a El Hijo de Sam; sin embargo, el homicida explicó que la secta se había mudado a Atlanta, donde de 1979 a 1981 hubo una serie de ataques letales contra 21-29 niños y adolescentes afroamericanos. La culpa cayó en un hombre llamado Wayne B. Williams, condenado a dos cadenas perpetuas. Al Igual que Berkowitz, Williams habló de unos satanistas, a quienes culpó de los crímenes.

Cuarenta años después de que comenzaron los ataques homicidas de El Hijo de Sam, solo que ahora en Phoenix, capital del estado de Arizona, EU, la policía ha creado una fuerza especial que investiga el asesinato de siete personas.

Las autoridades conjeturan que enfrentan a un asesino serial que desde el pasado 17 de marzo ataca a hombres y mujeres por igual, de edades que van de los 12 a los 55 años: transeúntes, personas al interior de su auto e incluso frente al domicilio de las víctimas. Todo parece indicar que no existe alguna relación entre los ciudadanos que han sido sacrificados.

En el barrio Maryvale, donde han ocurrido ocho ataques —seis de ellos letales—, habitan casi 208 mil hispanos, que se dedican, entre otras cosas, a la venta de autopartes y a trabajar en centros comerciales. Las agresiones las han sufrido hispanos y afroamericanos.

Uno de los sobrevivientes aportó la información suficiente para elaborar un retrato robot del sospechoso: hispano, delgado, veintitantos años, de cabello muy corto. Otro más señaló que el asesino, después de detonar su arma, aborda un auto que es manejado por otra persona.

Las autoridades han añadido que los homicidios son cometidos al azar, sin estar vinculados a los ajustes de cuentas del crimen organizado.

Los seis asesinatos en Maryvale —y uno más a casi 10 kilómetros de esa ciudad— parecen ser una copia fotostática de los seis homicidios que aterrorizaron a Phoenix de 2005 a 2006, cuando, además de la media docena de muertos, 19 personas resultaron heridas en ataques fortuitos.

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