Vidas Ejemplares

Llegaron, mataron y siguen allá afuera

Hay casos de homicidio serial que por ser tan conocidos convirtieron a sus perpetradores en estrellas del espectáculo criminal: Ted Bundy, Ed Gein, John Wayne Gacy, Andréi Chikatilo, Jeffrey Dahmer, Peter Kürten, entre muchos, están vigentes en el universo mediático por sus hazañas, pero también porque fueron aprehendidos y algunos incluso ejecutados.

Otros asesinos ritualistas, sin embargo, cometieron atrocidades que no piden nada a los predadores mencionados en el párrafo anterior, aunque prácticamente son desconocidos porque un día decidieron abandonar sus actividades delictivas para perderse en algún suburbio oscuro llevándose consigo los detalles de sus crímenes.

En 1991, en la pequeña ciudad Bowraville, en New South Wales, Australia, un homicida pluralista de adolescentes y menores anunció su actuación con el rapto de Colleen Walker-Craig, de 16 años. La chica nunca más fue vista.

Tres semanas después, una niña de cuatro años, Evelyn Greenup, desapareció prácticamente en el patio de su casa. Un destino similar sufrió Clinton Speedy, un adolescente de 16 años.

Casi dos semanas después, la policía recobró los cuerpos de Clinton y Evelyn. Ambos presentaban indicios de haber muerto a causa de un objeto contundente que les destrozó el cráneo. De Colleen solo se recuperaron sus ropas a la orilla de un río de Bowraville.

Una vez que las autoridades detuvieron a un sospechoso, Jay Hart, con un copioso expediente de violencia contra las mujeres y acosador sexual, los asesinatos cesaron; sin embargo, la policía no pudo fincarle cargos y quedó libre. Se sabe que Hart se mudó de ciudad, cambió de nombre y apostó por el futuro.

El Asesino de la Llanta Desinflada no tuvo nombre solo apodo, y los medios lo llamaron así por el modo de operar de este individuo, quien desinflaba alguno de los neumáticos del auto de la víctima que había elegido. Providencialmente se acercaba a brindar ayuda, ganando la confianza de la mujer en turno, antes de secuestrarla.

Este individuo al menos desinfló las llantas de cinco autos, cuyas dueñas fueron asesinadas. La actuación de este criminal ocurrió a mediados de los años 70 del siglo pasado en el condado Dade, en Florida.

La policía de la época estableció similitudes con homicidios que habían ocurrido en Florida, Utah y California, por lo que se especulaba que había matado a más de 30 mujeres. La detención de Ted Bundy confirmó que El Asesino de la Llanta Desinflada solo dejó sin aire neumáticos y vidas en Dade, Florida.

En 1986, Corea del Sur enfrentó por vez primera a un asesino con un modo de operar repetido casi sin variantes en el homicidio de 10 mujeres en un lapso de cinco años. Las mujeres fueron estranguladas con alguna de sus prendas de vestir. En lo que hubo variación fue en las edades de las víctimas: de 13 a 71 años.

El 3 de abril de 1991, la policía levantó el cuerpo de la que se considera la última presa del asesino de Hwaseong; sin embargo, en 2004 una colegiala fue asesinada de forma similar a las 10 víctimas del predador surcoreano. La ciudadanía de Hwaseong pensó que una nueva ola de homicidios comenzaría. Todo parece indicar que se trató de un copycat (imitador).

Una sobreviviente describió al criminal como un hombre de veintitantos años. El ADN recobrado del semen del asesino se quedó como muestra en los archivos policiacos, pues no empató con los ejemplos analizados en 570 sospechosos.

Los homicidios de Hwaseong han sido comparados con los que perpetró El Asesino del Zodiaco, quien acabó con la vida de cinco personas entre diciembre de 1968 y octubre de 1969 en el norte de California, antes de desaparecer de la escena pública sin siquiera despedirse.

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