Vidas Ejemplares

El maestro de arte que atrapó a un asesino serial

A mediados de los años 80, la policía de California, EU, ignoraba la actuación de una pareja de predadores en un lugar remoto en las montañas de Sierra Nevada. En el condado Calaveras, Charles Ng y Leonard Lake asesinaban a diestra y siniestra, en la tranquilidad de una propiedad privada, lo mismo a hombres que a mujeres y niños.

Ng y Lake —el primero nacido en Hong Kong y el segundo en EU— tenían poco tiempo de conocerse. Ambos habían sido soldados y compartían, entre otras cosas, la expulsión de sus respectivos ejércitos: Lake por esquizofrenia, Ng por robar armamento. En 1982, a través de un amigo, Ng y Lake se conocieron en Philo, California.

El 2 de junio de 1985, uno de los guardias de un depósito de madera al sur de San Francisco vio a Ng sustraer un cheque de la caja registradora. El oriental corrió, y en un momento de la huída arrojó el documento al interior de un auto Honda Prelude, que manejaba Lake, pero que estaba registrado a nombre de Paul Cosner, quien había desaparecido el 2 de noviembre de 1984.

Los uniformados solo lograron la detención de Lake. Ng logró escapar y por algunos meses su paradero fue un misterio.

En un principio, las autoridades pensaron que habían aprehendido a un simple ladrón de autos. Lake pidió un vaso de agua mientras su nombre era anotado en el libro de ingresos. Instantes después, el detenido murió en medio de estertores: había ingerido una cápsula de cianuro.

Un recibo de luz en el auto vinculaba a Lake con una propiedad en Wilseyville. El 4 de junio de 1985, los detectives de San Francisco y del condado Calaveras abrieron las puertas de infierno.

En las pesquisas, casi 22 kilogramos de huesos —correspondientes a 11 personas— fueron desenterrados en dos propiedades donde Ng y Leonard Lake ataban mujeres en un calabozo subterráneo antes de violarlas y asesinarlas. En cuanto a sus víctimas masculinas, éstas eran ataviadas con vestimenta militar y liberadas en los bosques para después cazarlas.

En el interior de la propiedad, los investigadores hallaron videos que registraban los momentos en que las mujeres eran torturadas, violadas e incluso satisfaciendo sus necesidades fisiológicas. La policía especula que copias de esos videos ingresaron al circuito de las cintas snuff de Hong Kong.

En 1985, en un centro comercial de Calgary, Canadá, Sean Doyle, un maestro de arte jubilado, guardia de medio tiempo, detuvo a un hombre que robaba comida. El individuo no opuso resistencia y caminó tranquilamente al lado del uniformado.

En el trayecto a las oficinas, un compañero de Doyle gritó: "¡Cuidado, el tipo trae un arma!" Doyle reaccionó rápidamente y alcanzó a sujetar la pistola del presunto ladrón. En el forcejeo, el arma detonó y la bala atravesó la mano de Doyle, quien pese al dolor nunca soltó el brazo del sospechoso, que fue sometido con la llegada de los refuerzos.

Dos ancianas que atestiguaron la escena aplaudieron, pues pensaron que se trataba de la filmación de un programa policiaco.

No había nada ficticio en la detención, la realidad es que el jubilado había atrapado a Charles Ng, ex combatiente, experto en artes marciales, uno de los asesinos más despiadados de Estados Unidos.

Después de varias batallas judiciales y diplomáticas, Ng fue entregado en 1991 a las autoridades estadunidenses, aunque mediante un acuerdo que impide la ejecución del criminal.

Doyle pasó muchos años en terapia antes de reponerse del traumático episodio. Señala que la lección que le dejó esa experiencia es que la gente debe aprender a perdonar, así sea al más canalla de los seres humanos.

El maestro de arte actualmente trabaja en "la crónica de su viaje de perdón", a través de un documental que piensa titular: "Perdóname, Ng".

operamundi@gmail.com
www.twitter.com/compalobo