Vidas Ejemplares

El asesino más arrogante de Inglaterra

El pasado 6 de mayo se cumplió medio siglo de que el asesino serial británico Ian Brady fue sentenciado a prisión de por vida. Desde aquel día, el criminal escocés deambuló por varias prisiones hasta alcanzar en 1985 la tan anhelada tranquilidad en el Hospital Ashworth, en el condado Merseyside, al norte de Inglaterra, donde es tratado más como un paciente que como un prisionero.

Atrás quedaron los tiempos cuando sus compañeros de prisión orinaban en su comida, lo escupían, lo provocaban en pleitos o arrojaban vidrios en su cena.

Brady fue un hombre odiado —lo sigue siendo— en los lugares que habitó, pero él puso mucho de su cosecha para alimentar entornos de odio. En primer lugar, de todos es conocida la poca popularidad de la que gozan los asesinos de menores en las cárceles y prisiones del mundo.

En octubre de 1965, una pareja de jóvenes entró a las oficinas de la policía en Gran Manchester. Para los que no estaban al tanto del historial de los detenidos, el hombre y la mujer daban la impresión de haber sido arrestados por beber en la calle y escandalizar al vecindario.

Solo que el vecindario y el mundo entero se escandalizaron aún más cuando supieron que Ian Brady y Myra Hindley habían sido delatados por David Smith, cuñado de Hindley, quien presenció el momento en que Brady partía el cráneo de Edward Evans, de 17 años, con un hacha.

En mayo de 1966, Los Asesinos de las Páramos, como bautizó la prensa a Brady y Hindley, por haber enterrado clandestinamente los cuerpos de sus víctimas en las páramos de Saddleworth, en Gran Manchester, fueron condenados a prisión de por vida por asesinar a tres menores.

Fueron algunas de las fotografías que la pareja se tomó bailando alrededor de las tumbas clandestinas las que condujeron a las autoridades al paradero de Leslie Ann Downey (de 10 años) y John Kilbride (de 12).

En 1987, en el que muchos periodistas consideraron "un día de sol para Ian Brady", éste regresó a los páramos de Saddleworth para señalar los lugares en que estaban enterradas dos víctimas más.

Los trabajadores solo hallaron el cadáver de Pauline Reade. El cuerpo de Keith Bennett, de 12 años, asesinado en una orgía por la pareja, permanece perdido, pese a que Brady señaló el lugar en el que presuntamente lo habían enterrado.

La gente nunca perdonó a Brady y Hindley, aunque siempre ha estado al pendiente de las noticias que describen lo que el preso ahora setentero hace o deja de hacer. Myra Hindley murió en 2002 por un enfisema pulmonar. Antes de fallecer le confesó a su amante-compañera de celda que ella y Brady habían acabado con la vida de muchos más niños.

Brady, quien es el preso que ha purgado más años de encierro en Inglaterra, lleva medio siglo sin hablar con sus compañeros, pues los considera intelectualmente inferiores a él. Les grita que son "cucarachas", que se comportan como "alimañas".

El "paciente" del hospital de alta seguridad Ashworth pasa la mayor parte del día en su celda, absorto en la literatura, a la que ama. Lleva años sumido en la lectura y el análisis de la obra de Adolf Hitler: Mi lucha.

Fue Mi lucha, el libro que Brady leía en alemán, con el que impresionó a la joven católica Myra Hindley cuando la conoció en 1960. Ninguno de los dos imaginó entonces lo que acarrearía la combinación de sus personalidades.

Brady intentó en varias ocasiones visitar a Myra en la prisión. No lo dejaron. Ese atributo aplica solo para los reos que estaban casados al momento de ser detenidos. Desde octubre de 1965, Brady y Hyndley no volvieron a verse, pese a que juraban que uno no moriría sin la compañía del otro.

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