Vidas Ejemplares

Asesinos de desierto

Cuando Douglas Gretzler y Willie Luther Steelman fueron arrestados en noviembre de 1973, el estado de California, Estados Unidos, era una especie de parque de diversiones para los asesinos seriales, que en cuatro años habían acabado con la vida de 64 personas.

Uno de esos homicidas era el gigante Edmund Kemper, quien a los 15 años ingresó a un hospital para enfermos mentales después de asesinar a sus abuelos maternos.

Al salir de la institución, Kemper estaba peor que antes. Decapitó a siete de sus ocho víctimas, una de ellas su propia madre, cuya cabeza fue colocada arriba de un televisor para servir de blanco a los dardos lanzados por su excéntrico hijo.

Pero Gretzler y Steelman tenían lo suyo y no envidiaban las habilidades y originalidad de sus colegas de oficio.

La pareja se conoció en Arizona el 11 de octubre de 1973. Gretzler era un vagabundo y Steelman un raterillo adicto a la heroína que recién había salido de un hospital psiquiátrico. La química entre ellos fue inmediata. Sus deseos de matar también.

Para el 28 de ese mes, los dos individuos viajaban en un auto robado cuando vieron una casa rodante cerca de una carretera en Mesa, Arizona. Gretzler y Steelman se acercaron a la unidad y tocaron la puerta. Robert Robbins, de 19 años, y Katherine Mestiter, de 18, murieron acribillados sin saber que su sacrificio fue parte de un ritual de iniciación para sus verdugos.

En Tucson, la pareja asesinó a Gilbert Sierra, de 19 años. Los hombres conservaron el cadáver por un par de días antes de arrojarlo a la orilla de la carretera en pleno desierto.

 ¿Por qué Gretzler y Steelman regresaron a Tucson? Al parecer solo por sus deseos de matar, lo que ocurrió en el interior de un departamento, donde la policía halló los cuerpos acribillados de los hermanos Michael y Patricia Sandberg.

Cuando manejaban por el desierto La Superstición, los hombres encontraron una nueva víctima: un joven que descansaba plácidamente en su bolsa de dormir.

En su ruta a California, Gretzler y Steelman tuvieron tiempo de matar a Michael Adshade y Ken Unrein, ambos de 22 años. Por alguna razón, desnudaron los cuerpos de sus víctimas y se deshicieron de los cadáveres en un lugar cercano a Oakdale, California.

En esa espiral de violencia no hubo robo, tampoco agresión sexual, ni venganza
aparente. Solo un deseo irrefrenable por matar, que crecía con la fiereza de una adicción.

El 6 de noviembre, Walter y Joanne Parkin se fueron a jugar boliche como lo hacían cada martes desde hacía varios años. Sus dos hijos, Lisa, de 11 años, y Bob, de 9, esperaban en casa bajo el cuidado de la niñera Debbie Earl, de 18.

En algún momento de la noche, los señores Richard y Wanda Earl pasaron por su hija Debbie. Llegaron acompañados de su otro hijo, Ricky, de 15 años, y el novio de Debbie, Mark Lang.

Carol Jenkins, una invitada de los Parkin, llegó a casa como a las 3 de la mañana. Se fue a dormir sin notar nada extraño. Casi una hora después escuchó que tocaban el timbre con insistencia. Eran dos amigos de Mark Lang, enviados por los padres de éste, preocupados porque su hijo no había regresado a casa.

Carol fue a la habitación contigua y encontró a Bob y Lisa Parkins en una cama ensangrentada. Al llegar la policía, los uniformados abrieron un armario y descubrieron los cadáveres de las siete personas restantes, todas ejecutadas por Gretzler y Steelman.

Los asesinos fueron ubicados y detenidos en un hotel. Ambos recibieron la pena capital. Steelman murió en su celda del corredor de la muerte, al parecer de sida. Gretzler vio transcurrir 21 años de su vida en prisión antes de ser ejecutado en Arizona mediante inyección letal el 3 de junio de 1998.

 

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