Vidas Ejemplares

Asesinaba mujeres que se parecían a su madre

La noche del 26 de enero de 1998, Svetlana M., de 15 años, caminaba por las calles de Angarsk, ciudad en el Óblast de Irkutsk, Rusia. Tenía en mente una aventura con un hombre mayor.

Cuando un policía le indicó que subiera a la patrulla, la adolescente pensó que la fiesta había terminado. El uniformado le dijo que no se preocupara, que le daría un aventón a donde ella quisiera.

En realidad, la pareja fue al lugar que él eligió: una zona boscosa, donde la joven fue obligada a quitarse la ropa. Una vez que estaba desnuda, el policía la arrojó con fuerza contra un árbol. Svetlana perdió el sentido, fue encontrada al día siguiente y llevada al hospital, donde se enteró que fue violada.

Desde 1994 las autoridades judiciales de Angarsk sabían de una serie de homicidios cuyas víctimas femeninas aparecían mutiladas en zonas boscosas, caminos poco transitados y en uno de los cementerios locales.

Svetlana explicó que había sido atacada por un patrullero. Los agentes le mostraron las fotografías de los uniformados. Después de unas horas, la adolescente señaló la imagen del policía Mikhail Popkov e incluso reconoció la patrulla que manejaba el agente.

Sin embargo, Popkov no pasó de la sala de interrogatorios, donde proporcionó una coartada que fue apoyada por su esposa Elena, quien también era policía. Los asesinatos continuaron y precisamente en 1998 el patrullero dejó su trabajo de policía y se dedicó al negocio de compra y venta de autos.

Por muchos años, las autoridades especularon que el asesino de mujeres era un trabajador de la industria metalúrgica local, un conductor de camiones, un empleado ferroviario e incluso un ingeniero.

La prensa bautizó al homicida como El Hombre Lobo de Angarsk por la furia con la que atacó a las mujeres, mutilándolas y violándolas después de muertas. Una de ellas fue decapitada con un hacha, el arma preferida del criminal. Otra fue hallada sin corazón, órgano que nunca fue encontrado y que se cree que sirvió para el consumo del asesino.

Debido a que más de 60 homicidios de mujeres no se habían resuelto, algunos agentes mantuvieron abiertos los expedientes.

Uno de los investigadores recordó la detención del patrullero en 1998, por lo que sugirió que la prueba de ADN se aplicará a policías en activo y a policías retirados. El examen se puso en práctica en 3 mil 500 personas, correspondiendo uno de ellos en ciento por ciento con la sangre de Popkov.

Después de ser detenido en 2012, el ex policía confesó el asesinato de 29 mujeres. Señaló que su primer homicidio sucedió de forma "espontánea". La mujer, que solo había salido a divertirse aquella noche, traía unos tragos encima. El patrullero reconoció en esa "prostituta" la imagen de su madre, quien había sido una alcohólica que lo golpeaba cuando estaba ebria.

De acuerdo con las edades de las víctimas de Popkov, es difícil determinar qué exactamente de ellas le recordaban a su progenitora: solo cuatro tenían entre 35 y 40 años; las 25 restantes estaban entre los 19 y 28 años.

Popkov atraía a sus presas con el truco del "aventón" en la patrulla. Una vez que encontraba algún paraje en el bosque, las obligaba a despojarse de sus ropas. Ya desnudas, las atacaba con hacha, cuchillo o desarmador. Cuando la sangre comenzaba a brotar de los cuerpos, el hombre iniciaba su ritual de violación.

Las autoridades creen, aunque no han podido probarlo, que Elena, la esposa de Popkov, lo ayudó al menos en dos ocasiones en las coartadas para no ser detenido.

Mikhail Popkov fue condenado a prisión de por vida, pero la policía cree que la cifra de homicidios cometidos por este infractor puede llegar a 60. En 2016 se presentarán en la Corte nuevas evidencias.

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