Columna invitada

Por qué es mejor subterránea

La Línea 3 debe ser subterránea, porque así se construye una mejor ciudad. Imaginemos unas avenidas Revolución y Ávila Camacho con tren subterráneo y por tanto, con menos autos, dejando tres carriles de circulación por sentido, en vez de los cuatro actuales, creciéndose así la anchura de camellón y banquetas, con un mejor arbolado y más áreas verdes. Que se desarrolle la vida urbana incipiente que surge ahora, más peatones y ciclistas presentes. Que se conviertan paulatinamente en parques lineales con autos, y no continúen siendo avenidas duras que expulsan al caminante. Como la tendencia global lo indica en las ciudades de avanzada, cuando los trenes son subterráneos.

No confundamos, “el derecho a la ciudad” que argumentan algunos, no es circular por encima de calles y avenidas arruinando el espacio en superficie, lo que ocasionan los segundos pisos. Es cuestión de jerarquías, peatones, ciclistas y vecinos tienen prioridad a nivel tierra, y derecho a espacios urbanos dignos. Les siguen los usuarios del transporte colectivo, y aquí hay que entender que los trayectos largos y rápidos –cuando necesitemos cruzar la ciudad en esos 33 minutos- tendremos que hacerlo bajo superficie, como en tantas ciudades del mundo, cuyos ciudadanos lo viven a diario sin mostrar secuelas psicológicas. En el subterráneo, el paisaje humano es lo que cuenta, vernos las caras, todos por igual. Aunque los túneles sean oscuros al final se hará de nuevo la luz.

En un plazo mayor, veinte años por decir algo, minimizar el automóvil, reducir a dos carriles por sentido, introducir un amigable tranvía en superficie para recorrer distancias medias, ocultar instalaciones y cables, normar anuncios, dignificar las construcciones, para ahora sí, admirar una ciudad que valga la pena, que es a la que debiéramos apostarle. Para ello hay que prepararnos y no cancelar hoy la oportunidad con un segundo piso obsoleto e intrusivo, como los que ahora se demuelen en ciudades progresistas.

La inversión no debe irse, hay que redirigirla, negociarlo con el propio presidente de ser preciso, y aquí una duda: ¿estará informado el presidente Peña Nieto que la ciudadanía de Guadalajara no desea el tren de segundo piso? Igualmente, ¿le han informado al gobernador Aristóteles Sandoval, que el asunto es un problema en ciernes, y que para los tapatíos él es la cara visible? Más vale una meta realista, pero loable –la primera etapa de un gran proyecto-, que otro que desde ahora se avizora que sufrirá fuertes incrementos en costos y retrasos en obra. Que un político prometedor como Marcelo Ebrard se haya opacado por los problemas en la Línea 12 de México, demuestra que en proyectos mal planeados los beneficios políticos son modestos y los riesgos desproporcionados.

Esperemos que nuestros gobernantes en los tres niveles, cada uno dentro de sus responsabilidades y competencias, valoren que siempre será mejor al final del sexenio inaugurar una nueva forma de actuar, con una visión amplia de futuro y progreso para la ciudad, con planeación, en fases que trasciendan periodos predeterminados. En tiempos de redefinición política, tener apertura y confianza ante el sentir ciudadano, será mucho mejor que inaugurar con prisas y como salga, una infraestructura ruda que parta en dos la ciudad, remitiéndonos a un pasado que ya nadie desea. Sabemos todos que el proyecto del segundo piso no está completo y que la obra apenas inicia. Estamos muy a tiempo de revisarla, de hacerla bien por el beneficio de todos.  


Arquitecto y Doctor en Urbanismo