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El poder de la palabra

Hoy en día nos inunda una crisis social que está acabando con los valores que generaciones atrás habían sembrado, valores que hacían fuerte a una comunidad o a una familia. Estos núcleos se están desintegrando y nosotros somos los únicos que podemos revertir este suceso. Volver a retomar el valor de la palabra sería uno de los puntos por los que podríamos empezar. Hoy la palabra se ha debilitado tanto que ya está a punto de ser descontinuada, en su momento se sustituyó por la firma, un garabato que hoy en día no es suficiente para constituir un compromiso. La palabra en la actualidad ya no se pronuncia, ya no se expresa de viva voz, nos hemos quedado callados aún viendo tanta incongruencia en nuestro entorno. Estamos a tiempo de volver a creer en lo que se dice. Estamos a tiempo de pronunciar palabras que se piensen desde el corazón y la mente, no de la lengua hacia fuera. La palabra representaba una responsabilidad, un contrato que muchas veces se cerraba con un estrechar de manos al final de un acuerdo entre dos personas o más. Un acuerdo que iba desde fijar el día y hora para una reunión, o cualquier otro trato que su único propósito era el cumplimiento del mismo.  En la actualidad la política, negocios, medios de comunicación, comunidades o familias no prevalece el valor de la palabra. Ya no se dice la verdad y lo que se dice, muchas veces se dice sin respeto. Se que muchos tienen preferencia por la frase que dice “calladito te ves más bonito” ya que decir y reconocer la verdad requiere bastante fortaleza.La palabra hoy en día se utiliza para insultar, chismorrear, se utiliza para prometer objetivos que nunca se van a cumplir, desinformar, mentir, desprestigiar, criticar, manipular, corromper, dividir, menospreciar y atemorizar. Cuando podría ser utilizada como una herramienta para la unión de una comunidad, por medio de la verdad y que se exprese de manera sincera, a consciencia, con pasión y corazón, que permita fomentar la amistad y el respeto, provoque llegar acuerdos con un compromiso inquebrantable, sin dudas ni vacilaciones, con decisión y prudencia, que incite a dejar una sonrisa, estimule el aprendizaje y mejore las relaciones. Hagamos de la palabra verbal o escrita un arma para dar vida y no para matar, para generar conciliaciones  y no discusiones, paraaclarar y nodejar incertidumbre.Las palabras no se las lleva el viento, ellas generan realidades, transforman los estados de ánimo y afectan directamente las emociones, son energía pura. Comencemos a hablar de manera positiva y procuremos dejar de lado las expresiones negativas. De esta manera podremos hacer grandes cambios en las diferentes comunidades a los que pertenecemos y consecuentemente esto permeará en el resto de la sociedad.  Las palabras deben inspirarnos a ser mejores personas, mejores ciudadanos y mejores políticos, no dejemos que se siga corrompiendo o se siga callando, son el motor de la participación ciudadana, la libertad y la democracia. “Las palabras que no van seguidas de hechos, no valen nada”. Esopo 


@josegonzalezf/FB Moreleando, de vuelta al centro/@MoreleandoTRC