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A nivel de banqueta

Me encontraba terminando de comer; estaba sentado en una mesa sobre la banqueta afuera de una cafetería que acostumbro ir casi todos los días y decidí escribir sobre lo que observara en la calle, las banquetas y el andador de la Av. Colón. Por una parte pude notar como el coche, o más bien las personas que lo manejan tienen la capacidad de ver únicamente a otros de su especie, parece que no se tiene la noción de que existen cruces peatonales. En la mayoría de las ocasiones cuando menos un coche está obstruyendo la circulación peatonal. Tampoco tienen registros en su memoria de que existe otro usuario que utiliza ese mismo espacio para trasladarse, el ciclista, ente olvidado en la pirámide de usuarios de una ciudad norteña. Confirmo su olvido al ver la señalización fijada al poste del semáforo que prohíbe su circulación.
El vehículo motorizado pasa muchas veces a exceso de velocidad, el estacionamiento que usa por defecto en esta avenida es la banqueta y puedo percibir la astucia de un propietario de un local de más adelante que pagó por sus estacionamientos exclusivos sobre la deteriorada acera. Fijo mi vista en la unión de la calle y la banqueta y observo que no hay diferencia, en algunos lados la calle se encuentra más arriba del nivel de la banqueta, lo que convierte a la banqueta en un área peligrosa para sus caminantes.
Me doy cuenta de la cantidad indiscriminada de taxis que utilizan el claxon sin medida con tal de subir a su próximo pasajero, su arma secreta son las luces intermitentes, las cuales al encenderlas creen tener el poder de invisibilidad por lo que pueden hacer alto total en medio de la calle cuando el semáforo está en luz verde y creen pasar desapercibidos ante los demás coches que llevan preferencia.
Veo pasar una camioneta de la Policía en medio de dos carriles denotando una especie de autoridad que solo existe cuando se porta el uniforme, haciendo un alto  total mucho antes de llegar al semáforo. Algunos observamos con esa mirada de desconfianza cuando se abre la puerta y baja un oficial de dicha camioneta, esa mirada que todavía sueña con recuperar la confianza de sus servidores públicos.
Por otro lado percibo que al estar sentado en la banqueta bajo la sombra de un gran árbol provoca en mi una sensación muy agradable, me siento un turista. La escala y la vegetación son muy acogedoras, veo como la gente camina, se sienta en las bancas del andador, algunos todavía dicen buenas tardes o te ven con una sonrisa en su cara. Este tipo de lugares como cafeterías, bares o restaurantes han logrado generar la reactivación de esta zona y han provocado el crecimiento de una comunidad cautiva que ha decidido consumir en los negocios del sector. Esto no se hubiera dado sin la valentía y la visión de los propietarios de los diferentes negocios que han apostado su patrimonio.
Tengo la esperanza de que los ciudadanos laguneros seremos en un futuro no muy lejano más consientes y respetuosos de nuestras acciones, las cuales afectan directamente en nosotros mismos.
“Ciudad sin cultura es simple urbanización, el producto de las empresas y no el de los ciudadanos”. Anónimo.


 @josegonzalezf     @moreleandoTRC