Articulista invitado

El Anticristo

'Los Chuchos' la emprendieron contra López-Dóriga y en un acto inusitado, Zambrano lanzó un anatema al comunicador, expresión que lo muestra como un hombre intolerante

Respecto de la acusación lanzada por Jesús Zambrano contra Joaquín López- Dóriga diciéndole que es el “Anticristo”, debemos decir que se trata de una verdadero y propio “anatema”. Y lo decimos apoyándonos en el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española: “En el Antiguo Testamento, condena al exterminio de las personas o cosas afectadas por la maldición atribuida a Dios.” Para abundar en nuestro argumento podemos echar mano de Wikipedia. Allí el término “anatema” es definido en los siguientes términos: “su uso principal equivale al de maldición, en el sentido de condena a ser apartado o separado, cortado como se amputa un miembro, de una comunidad de creyentes. Era una sentencia mediante la cual se expulsaba a un hereje del seno de la sociedad religiosa; era una pena aún más grave que la excomunión, porque el individuo era desterrado y a su vez era maldecido. Su étimo griego equivale a una ‘ofrenda’ a los dioses; posteriormente vino a significar estar formalmente separado, desterrado, exiliado, incomunicado o innominado.”

En la época medieval era frecuente que, a quienes no profesaban la misma fe, se les “anatemizara”; es decir, se les dirigiera el dedo flamígero condenándolos a la persecución, el calabozo, los tormentos y, finalmente, la hoguera.

De ese tamaño es la descalificación hecha por un líder de la izquierda mexicana contra un comunicador, quien lo único que hizo fue informar al público acerca de las acusaciones que pesan sobre varios funcionarios públicos municipales perredistas. Se presume que dichos funcionarios han incurrido en delitos de corrupción y establecido vínculos con los cárteles de la droga. Para nadie es un secreto que eso afecta y afectará la imagen del PRD. Pero no solo lo ha dicho López-Dóriga, sino todo mundo.

Sin embargo, Los Chuchos la emprendieron contra Joaquín y en un acto inusitado, sobre todo por parte de Jesús Zambrano, éste lanzó el anatema diciendo que es el Anticristo. Expresión que lo muestra no como un dirigente esclarecido y tolerante, sino como un hombre irascible e intolerante. 

Prefiere desviar la atención: como si fuese posible al “sacrificar en la hoguera de la intolerancia” a un periodista, limpiar la podredumbre interna del PRD. Pero el tiro le salió por la culata: en vez de ocultar esos trapos sucios, lo que ha hecho es mostrar un talente oscurantista que no le conocíamos y que es mejor que pase tan solo como un desliz.

Afortunadamente, Zambrano se equivocó de época y de lugar porque, en la España de fray Tomás de Torquemada, López-Dóriga, hubiese sido presa de las guardias reales para ponerlo a disposición del Santo Oficio. Luego, lo hubiesen pasado a la cámara de tormento hasta hacerlo confesar que era hijo de Satanás; días enteros, encadenado en algún húmedo y malolientes calabozo; sacado a la luz pública, montado en un burro con un sambenito para ser paseado por calles y plaza, y finalmente, quemado vivo en la plaza pública.

Conozco a Los Chuchos y, por supuesto, también a Zambrano. Con ellos emprendí, en algunas ocasiones, luchas políticas para abrir paso a una izquierda socialdemócrata en México. No sé qué les pasó, de repente cayeron en el pragmatismo que acaso se comprenda por los vaivenes de la política nacional; pero llegar al extremo del anatema es incompresible e injustificable. 

Habría que recordarles que el iluminismo (del que quiérase o no nació la izquierda democrática) luchó contra el oscurantismo; esto es, contra el dogmatismo, la barbarie y la intolerancia. Y ese iluminismo, en términos políticos, encarnó en los derechos civiles y políticos, la pluralidad de ideas, el imperio de la ley, el laicismo, el derecho a la información y la civilidad.

La izquierda ilustrada avanzó en la historia como digna heredera de esa tradición fundada por Descartes, Bacon, Voltarie, Diderot, Locke, D’Alambert y Kant. Y que recogieron, entre otros socialistas, Jean Jaurès, Luis Blanc y Eduard Bernstein. No obstante, la izquierda dogmática, a la que se alineó Zambrano en este desafortunado episodio, es la de Joseph Stalin. m

* Académico, traductor de Norberto Bobbio.