Los inmortales del momento

La señorita que leía "allí" el periódico

La exquisita "fräulein" se afilia a la universal costumbre de leer en el retrete, costumbre inadmisible para muchos pero que es, primero, un inevitable acto de la cotidianidad y, segundo, un rito cultural muchísimo más frecuente que las visitas a bibliotecas


(Helmut Newton)


Con oscuro peinado garçon de alas que le cosquillean las mejillas y con flequillo a lo Louise Brooks (la más fascinante de las bellas del cine silencioso), con anteojos de tipo bicicleta, con collar y medallón pectorales, con medias semioscuras (¿color humo?), con pantaleta bajada a la mitad de los muslos y con (¿sádicos?) zapatos de tacón afilado, la bella fräulein (señorita) fue inmortalizada por un dizque inesperado disparo fotográfico cuando, sentada en la taza del baño entre el lavabo y el bidé, leía en el diario alemán Die Zeit alguna nota sobre la más reciente moda vestimentaria o sobre algún escándalo de algún astro o estrella del cine… o sobre algún ministerio de recién violado misterio.

Por lo que se ve, la exquisita fräulein se afilia a la universal costumbre de leer en el cuarto de baño, o retrete, o watercloset (el WC). Costumbre inadmisible para muchos, excepto para deturparla, pues no ha sido cabalmente apreciada como, primero, un inevitable acto de la cotidianidad, y, segundo, como un rito cultural muchísimo más frecuente que las visitas a bibliotecas o a museos de artes plásticas o a salas de concierto.

El escritor estadunidense Henry Miller recomendaba la lectura en tal lugar y tal situación. Otro escritor, aunque hispanoamericano solamente: Silvestre Lanza, tras leer ese ensayo, decidió que en adelante escaparía al estruendo cotidiano de su hogar refugiándose en el púdicamente llamado “cuarto de baño”, al cual, salvo por las interrupciones familiares, convirtió en su intelectual Torre de Marfil, y presume de haber leído allí toda la Enciclopedia Sopena, casi toda la ídem Británica, el cuentario infinito de Las mil y una noches, la novela serial de Proust En busca del tiempo pasado (que no es tiempo perdido), todas las obras narrativas, ensayísticas y periodísticas del cuantioso Mario Vargas Llosa, las demasiadas páginas de Henry Miller, por supuesto, y, de pilón, los quizá mucho más abundantes pero sin duda muchísimo menos interesantes artículos de un tal José de la Colina en publicaciones de papel o de pantalla.

Pero ¿quién es esa fräulein que allí lee? ¿Es una señorita esnob, aficionada a la pose rara? ¿Es una aficionada a la historia día a día del mundo? ¿O, como quizá sospecha mi lector (si lo hay), es una modelo de fotógrafos de renombre? Difícil saberlo. Quien esto escribe no sabía desde dónde le llegó la imagen ni a quién atribuirla, pero en ella es visible el periódico alemán Die Zeit (El Tiempo) y la foto está fechada en 1986,así que la fräulein podría estar leyendo sobre uno de los tantos colapsos mundiales del petróleo, o sobre la Voyager 2, que fotografió la espalda hasta entonces invisible del planeta Neptuno, o sobre el tiranuelo haitiano Jean-Claude Duvalier, que abdicó del poder y se asiló en Francia con sus zombis particulares, o sobre el primer ministro sueco Olof Palme, asesinado por terroristas al salir de un cine en el que podría haber visto la recién estrenada película de su compatriota Ingmar Bergman: Dev Tva Saliga, o sobre la estación de energía nuclear de Chernobyl, que explotó emitiendo nubes radiactivas hacia el cielo de Europa, o…

Pero es de sospechar que la fräulein solo estaba interesada, y muy su derecho, en saber algún chisme sobre algún miembro de la vasta tribu olímpica de Hollywood, o de la gente de la High Life cosmopolita, o de la fauna de sangre azul que todavía se hallaba y aun hoy se halla en pie y se resiste a dejar la circulación en la Historia, o siquiera en la escandalizante petit histoire. (Este último ejemplo quizá me lo ocasionó una ráfaga de resentimiento social, pues nobody’s perfect, según sostiene el sabio Osgod O’Brien III.)

Las anteriores lucubraciones flotan en la quimera. Es evidente que la foto de la fina mujer en ese vulgar pero ineludible sitio no es una instantánea lograda por sorpresa, sino una imagen preconcebida como una puesta en escena para lograr una cierta sofisticada pose, como indica que ni el lavabo ni la taza del meadero ni el bidé tengan las tuberías y llaves indispensables. Es una imagen prefabricada (tal vez más irónica que pornográficamente) por el fotógrafo australiano Helmut Newton. Pero la que quizá sea la obra maestra de sus imágenes rinde honores a ese rito cumplido diariamente por todos nosotros…aunque pocas, y pocos, lo hagamos con ese hierático y a la vez gracioso estilo.