Los inmortales del momento

Cinco mitos intervenidos (pues también yo era los clásicos)

Habiendo perdido a Eurídice, la lloró largo tiempo, y su llanto fue volviéndose canciones que domaban y amaestraban animales y encantaban a todos los ciudadanos.

Me atreví a escribir estas versiones o perversiones de mitos célebres nacidos de una antigüedad en mármoles —y que por eso serían provocativamente fijos, intocables, inmutables— después de leer en el prodigioso librito Cuentos breves y extraordinarios, de Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares, un relato de Samuel Butler acerca de Andrómeda en el que se modifica el mármoreo mito. Y la versión, ¿o perversión?, va así:

"Nunca el dragón estuvo con mejor salud y más entonado que la mañana en que Perseo lo mató. Se dice que Andrómeda comentó después con Perseo la circunstancia: se había levantado tranquilamente, con muy buen ánimo, etcétera. Cuando le referí esto a Ballard, se lamentó de que ese rasgo no figurara en los clásicos. Lo miré y le dije que yo también era los clásicos."

Así pues, invocando a la autoridad permisiva de Samuel Butler y Borges y Bioy, van mis cinco versiones... ¿o serán perversiones?... En fin, que el lector decida.

Ulises y las sirenas

Otra versión de la Odisea cuenta que la tripulación se perdió porque Ulises había ordenado a sus compañeros de navegación que se taparan con cera los oídos para no oír el pérfido canto de las sirenas... pero olvidó indicarles que se vendasen los ojos.

Y como además las sirenas, de formas generosas, sabían danzar...

(Todos los marineros ahogados.)

Leda y el cisne

El acto, han comentado los cronistas de espectáculos, es sencillo, de dudoso gusto y excitante:

La mujer, blanca y rosa y dorada y sonriente, con el nombre de artista de Leda, se tiende bocarriba sobre la arena y abre los muslos y los alzados brazos, y el cisne de alas enormes, blanquísimas y rumorosas, desciende y cubre ese espléndido cuerpo y hacen el amor con una dulce música de Chaikovsky que ni la irrisoria orquesta circense ni los excesivos sonidos de placer de la mujer, como estrepitosos estertores ondulantes, logran arruinar.

Al final, el público aplaude, el director de pista hace sonar el látigo y los artistas se retiran.

Y (pero esto no lo cuentan los cronistas) mientras Leda recibe a sus admiradores en el camerino, el cisne, en anonimato y silencio, sale a tomar en la cafetería más cercana su modesta cena, café con leche y dos piezas de pan dulce, y luego, esperando la próxima función, fuma un pausado cigarrillo que sostiene finamente en un ala de punta ya un poco manchada de nicotina.

Pandora y su cajita

Se sospecha que la llamada caja de Pandora, ese cofrecillo del que, por haber ella imprudentemente quitado la tapa, salieron la pasión, la locura, los vicios, el trabajo y aun la enfermedad, es decir la mayoría de los males de la humanidad, y se abatieron sobre el mundo, era en realidad el coño de Pandora.

Teseo en el laberinto

Días y noches y años dando vueltas con la espada oxidándosele en la mano buscó al monstruo en el laberinto y murió de hambre y fatiga sin saber que allí no había más monstruo que el mismo Laberinto.

Orfeo y Eurídice

Habiendo perdido a Eurídice, la lloró largo tiempo, y su llanto fue volviéndose canciones que domaban y amaestraban animales y encantaban a todos los ciudadanos, quienes le daban monedas y le pedían encores. Luego fue a buscar a Eurídice al infierno, y allí cantó sus llantos y Plutón escuchó con placer y le dijo:

–Te devuelvo a tu esposa, pero sólo podrán los dos salir de aquí si en el camino ella te sigue y nunca te vuelves a verla, porque la perderías para siempre.

Y echaron los dos esposos a andar, él mirando hacia delante y ella siguiendo sus pasos...

Mientras andaban y a punto de llegar a la salida, recordó Orfeo aquello de que los Dioses infligen desgracias a los hombres para que tengan asuntos que cantar, y sintió nostalgia de los aplausos y los honores y las riquezas que le habían logrado las elegías motivadas por la ausencia de su esposa.

Y entonces con el corazón dolido y una sonrisa de disculpa volvió el rostro y miró a Eurídice.

Narciso

Contemplándose en la luna del armario, se apuñaló el pecho y cayó muerto.

Pero como el puñal del reflejo no era concreto, el Narciso del espejo permaneció vivo y en pie, ya con derecho a ser un mito.