Los inmortales del momento

Seis mitologías quizá traicionadas

El tiempo ejerce en ellas su poder de metamorfosis y así las mantiene vivas y como recién nacidas; aquí van algunas tal como me las dictaron el soñar y/o el insomnio.

Las mitologías nacen para ser inmortales, no para petrificarse al modo de estatuas. Quieren ser modificadas, revertidas, violadas, traicionadas, cotidianizadas, tratadas con amor y a la vez sin respeto y sin fidelidad, para que el tiempo ejerza en ellas su poder de metamorfosis y así las mantenga vivas y como recién nacidas. Aquí van algunas tal como me las dictaron el soñar y/o el insomnio.

EL PARTENAIRE DE LEDA

El acto, han comentado los cronistas de espectáculos, es sencillo, de dudoso gusto y excitante: ella, blanca y rosa, dorada y sonriente, se tiende bocarriba sobre la arena y abre los muslos y los alzados brazos, y el cisne de alas enormes, blanquísimas, rumorosas, desciende y la cubre y hacen el amor con una dulce música de Chaikovsky que ni la irrisoria orquesta circense ni los excesivos sonidos de placer de la mujer, como estrepitosos estertores ondulantes, logran arruinar.

Al final, el público aplaude, el director de pista hace sonar el látigo y los artistas se retiran.

Y (pero esto no lo cuentan los cronistas) mientras Leda recibe a sus admiradores en el camerino, el cisne, en anonimato y silencio, sale a tomar en la cafetería más cercana su modesta cena, café con leche y dos piezas de pan dulce, y luego, esperando la próxima función, fuma un pausado cigarrillo que sostiene en un ala de punta ya un poco amarillenta de nicotina.

LILITH

Creada al mismo tiempo y del mismo barro de Adán, fue la primera mujer de éste, anterior a Eva, pero pronunció el impronunciable nombre de Dios, fue expulsada a la orilla del mundo y desde entonces, convertida en el más poderoso de los demonios hembras, llamada Lilith La Llaga, Lilith La Oscura, Lilith La Diabla, y, con el sexo en el lugar del cerebro, seguida y servida por un cortejo de íncubos y súcubos, recorre el mundo avasallándolo a su deseo ilimitado, devorando a los recién nacidos, engendrando las hierofanías y los ritos eróticos en honor de Ishtar en Babilonia, sacralizando la lujuria y la prostitución y sembrándolas en las familias, poseyendo a todos los seres vivos y dejando en ellos su señal, pero, a pesar de hacer tantas cosas y de tan universales consecuencias, no está con su nombre en el Génesis, y… ¿por qué ese ninguneo?

¿Acaso porque no accedió a convertirse, como Eva, a la sencilla y decente vida doméstica, por lo cual se le habría condenado, por desobediente, rebelde, blasfema, a la misma clase de suerte que los dioses paganos aplicaron a aquel pecador rey de Runagur: no solo no existir, sino, además, nunca haber existido?

Pero si Lilith no existía en la página, en la tinta y en la letra, existía en el reverso nocturno del mundo y entraba en los seres por las puertas del sueño.

LA BELLA DURMIENTE

Era sonámbula además de durmiente, y en las noches, a ojos cerrados, recorría el palacio hasta llegarse a las habitaciones de los guardias, o de los palafreneros, o de los jardineros, o de los cocineros y hasta la del bufón.

Y cuando el príncipe despertador la despertó con un beso, la bella le dijo, ruborosa, que solo a él le entregaría una cosa de mucho valor sin saber ella misma que eso estaba perdido desde hacía cuando menos tres años, dos meses y siete días.

PANDORA

Se sospecha que la llamada caja de Pandora (ese cofrecillo del que, por haber ella imprudemente quitado la tapa, salieron la pasión, la locura, los vicios, el trabajo y la mayoría de los males de la humanidad, que se abatieron sobre el mundo) era en realidad el coño de Pandora.

SIRENAS

Otra versión de La Odisea cuenta que la tripulación se perdió porque Ulises había ordenado a sus compañeros de navegación que se taparan con cera los oídos para no oír el pérfido canto de las sirenas. Pero olvidó indicarles que cerraran los ojos.

Y como además las sirenas, de formas generosas, sabían danzar...

(Todos los marineros ahogados.)         

LA DIOSA GARBO

De Greta Garbo se sospecha que se veía tan blanca y etérea en la pantalla porque, detestando los argumentos estúpidos, las malas puestas en escena y los galanes fatuos que Hollywood solía imponerle, no salía de casa, se escondía detrás de feos sombreros y oscuros anteojos y enviaba a actuar ante las cámaras a su luminoso y previo fantasma.