Los inmortales del momento

Cinco historias de la vida política

¿Podría deducirse que la política es la preparación de la guerra por medios más o menos pacíficos? La respuesta tal vez podría deducirse de estos relatos breves que, acaso, todavía son esencialmente actuales.

Si la guerra es la continuación de la política por otros medios (según famosamente escribió el gran militar y teórico de la guerra Carl Von Clausewitz), ¿podría deducirse que la política es la preparación de la guerra por medios más o menos pacíficos? El cuentista no tiene la respuesta, pero acaso ésta podría deducirse de algunas historias que se le han ocurrido a través de los años y que acaso todavía son esencialmente actuales.

LA EFIGIE MEJOR

En la Unión Soviética y en tiempos de Stalin hubo un concurso para premiar al escultor que hiciese la mejor estatua en honor del gran poeta Pushkin. Se presentaron varios modelos en arcilla: Pushkin tocando un arpa; Pushkin niño oyendo los cuentos de su nana (estatua complementaria); Pushkin, pluma de ganso en mano, escribiendo un poema al viento del Cáucaso (letras de oro en un libro de mármol); Pushkin besado por la Musa (estatua adjunta); Pushkin levantándose indemne del suelo tras ser muerto en un duelo (estatua provista de un mecanismo que permitía ese movimiento), etcétera.

Después de inteligentes si bien brevísimas deliberaciones de los jueces del concurso, se votó por unanimidad que la mejor estatua era la de Stalin en actitud de leer un libro de Pushkin.

POE FINAL

El poeta Edgar Allan Poe vagaba borracho por Baltimore. Era día de elecciones locales y los partidarios de un candidato se apoderaban de los vagabundos, los mendigos y los borrachos y los llevaban por todas las casillas de votación para que, con diversos nombres y apellidos, llenaran y firmaran papeletas y las depositaran en las urnas. Así, Poe votó innumerables veces por un hombre que no conocía y que seguramente lo hubiera expulsado de aquel condado por malas costumbres.

Unos días después, Poe moría en el hospital público de la ciudad, y acaso
el candidato por el que votó repetidamente salió electo gracias al apoyo de las muchas papeletas que aquél puso en muchas urnas. Lo que no se habrá llegado a saber es que, además del infortunado escritor, votaron sus fantasmas, los Poes que había en él y a los que intentaba ahogar en el alcohol.

UN GOBERNANTE JUSTO

Como pensaba que prohibir los sueños a sus queridos súbditos sería una medida demasiado impopular, dispuso que se gravaran los sueños con diversos impuestos según los ingresos y la clase social de los diversos soñadores. Lógicamente, los soñadores pobres pagaban menos impuestos que los soñadores ricos.

BUMERANG

Señor Presidente emite de viva voz instrucciones precisas a Secretario de Estado que por escrito da orden urgente a Oficial Mayor que por escrito da orden urgente a Oficial Segundo que por escrito da orden urgente a Director de Departamentos que por escrito da orden urgente a Jefe de Departamento A que por escrito da orden urgente a licenciado Pérez de departamento B quien días después por escrito pregunta a Jefe de Departamento A que por escrito pregunta a Director de Departamentos que por escrito pregunta a Oficial Mayor que por escrito pregunta a Secretario de Estado que si tendrá a bien preguntar a Señor Presidente si haría el favor de repetir y precisar instrucciones.

UN BRAVO DIPUTADO

Cordial ante el inquisitivo hombre con lápiz y libreta, concluyó el diputado:

— ... Y mi incólume trayectoria en la vida política tanto como mi viril discurso sin pelos en la lengua será mi mayor acto moral, un implacable e impecable testimonio contra mis aviesos adversarios que pululan por doquier como alimañas y microbios, y los hay (lamento decirlo) incluso en mi propio partido, pero esos traidores sabrán que, pese a todos sus intentos por imponerme el silencio tribunicio y aplicarme la muerte civil, sigo estando en pie, inmarcesible en mis principios, dispuesto como siempre a sacrificarme por la salud de la República, y no diré más por ahora, me despido enviando un saludo al querido pueblo que me alienta y agradeciendo a los honrados periodistas como el presente joven y brillante joven que está entrevistándome, y...

—Qué bueno, señor, se lo agradezco
y lo felicito —dijo el hombre con el lápiz y la libreta en las manos, con la servilleta sobre un brazo—, y ahora, señor, si es usted tan amable de ordenarme qué va a comer y el aperitivo que le serviremos.