Los inmortales del momento

“Este era un gato”

Acerca de qué es un cuento, solo puedo responder lo dicho por un filósofo acerca de cualquier otro asunto: “Si me lo preguntas, no lo sé; y si no me lo preguntas, lo sé”

No todos tenemos el genio de Sheherezada, pero todos somos narradores, y esto nos distingue de los meros animales (o quién sabe si acaso estos narran a su manera). El cineasta John Ford, tras escuchar con impaciencia a un asistente que le expone sus dificultades para colocar un spotlight en la escena a punto de filmarse, de pronto exclama: “No me cuentes tu vida, ¡haz tu trabajo!”. El señor Pérez, disculpándose de volver tarde al hogar, le narra a la señora Pérez una historia de sus dificultades en la oficina o para tomar el Metro, como un pequeño Ulises contando su pequeña odisea. Y en el café, en la oficina, en el taller, en el Metro, en la peluquería, en el bar, a la vuelta de la esquina o en cualquier parte del mundo, hallas al amigo o al desconocido ansioso de contarte algo que le ocurrió, o que oyó, o un chiste… (y, por cierto, un chiste, y a veces un chisme, es un minicuento en regla: con exposición, nudo y desenlace).

Jean-Paul Sartre anota: “Para que el suceso más trivial se vuelva toda una aventura se necesita y basta ponerse a narrarlo. Eso es lo que atrapa a la gente. Un hombre es siempre un narrador de sus historias y las de sus semejantes, y vive la vida como si la contara”.

Tal vez vivimos la vida como si la contáramos, pero contamos historias propias y hasta ajenas como si las viviéramos; y más aún: algunos las escribimos. Quizá de una u otra manera toda la literatura sea narrativa: la Biblia cuenta el principio y el destino del mundo; los Evangelios cuentan vida, muerte y resurrección de Jesús (que además contaba cuentos o apólogos); Homero relata en verso historias de guerra y de aventuras; Platón filosofa contando el caso del hombre de la caverna a la que entra un haz de luz; San Juan de la Cruz cuenta, con espléndida música verbal, las relaciones entre su alma y Dios; Montaigne trufa sus ensayos con innumerables breves historias; Pascal ilustra sus reflexiones sobre el destino iniciando (y, por cierto, no desarrollando) el cuento de lo que pudo pasar en la Historia si Cleopatra hubiera sido chata; Shakespeare teje los relatos de ruido y furia que sus personajes viven y cuentan; Marx empieza el Manifiesto Comunista como iniciando una novela fantástica: “Un fantasma recorre Europa…”.

¿Qué se espera de un cuento? Digamos que una de tres cosas o las tres juntas: emoción, distracción y enseñanza. Los dos primeros requisitos son imprescindibles, y el tercero valdría más olvidarlo, pues la moraleja suele anular el placer del relato. Un párrafo a la entrada de una novela de Mark Twain sentencia altanera y justamente: “Los que le busquen un motivo a esta historia serán encarcelados; los que le busquen una moraleja, serán desterrados; los que le busquen un mensaje, serán fusilados”. Dicho de otra manera: si un escritor no logra que su cuento se sostenga por sí mismo (como aquella sonrisa del gato sin el gato vista por la carrolsiana Alice) mejor será que se dedique a cualesquiera otros géneros: el ensayo, el aforismo, la crítica de cine, la crónica deportiva, la reseña de modas, la confección de crucigramas, etcétera. Recuérdese que cuando Sheherezada (la cuentista más justificada, pues cuenta historias para salvar su vida) termina de contar una historia, no se pone a decir lo que significa, sino que, convirtiéndose en la inventora del suspense, comienza otra historia que continuará en la siguiente noche. Lo que debe seguir a un cuento tal vez sea otro cuento… o el mismo cuento:

“Este era un gato con los pies de trapo y los ojos al revés; ¿quieres que te lo cuente otra vez?; este era un gato…”.

Acerca de qué es un cuento, solo puedo responder lo dicho por un filósofo acerca de cualquier otro asunto: “Si me lo preguntas, no lo sé; y si no me lo preguntas, lo sé”. Pero, como no quiero fallarle del todo al lector, me resigno a perogrullar:

Cuento es algo que alguien cuenta hablando o escribiendo, que tiene una historia real o imaginaria, que va de un principio a un final… y  aun puede ser cualquier cosa que se publique bajo la palabra CUENTO.