Los inmortales del momento

Seis cuentecitos con mujer adentro

Aquí está media docena de relatos de un iluso literato visitado por féminas terrenales o mitológicas que le solicitan sus favores por escrito.

A veces, ya cerca del alba y después de haber tecleado muchas páginas de crónica cotidiana, al esforzado periodista que, además, es iluso escritor, lo visitan mujeres terrenales o mitológicas siempre deseosas de que se les dediquen unas líneas de escritura en las que perduren… aunque solo sea como inmortales momentáneas.

ARDIENTE

—¿Quieres soplarme en este ojo? —dijo Liliam, la de mirada gris y fría—. Algo se me ha metido en él y me molesta.

Le soplé en el ojo y vi su pupila encenderse como una brasa acechante entre cenizas.

SALOMÉ

En el banquete de cumpleaños de Herodes Antipas la princesa Salomé había danzado con tal gracia voluptuosa que encendió los deseos de todos los hombres y mujeres allí presentes y el tetrarca se levantó del trono y ofreció a la muchacha concederle todo lo que pidiera, aun si fuese la mitad del reino.

—Solo te pido —susurró dulcemente la muchacha— que me des en bandeja la cabeza de ese profeta energúmeno que tienes preso, ese Juan el Bautista que tales suciedades y maldiciones ha proferido contra Herodías, que es tu digna esposa y es mi noble madre.

Herodes no era hombre malo y se incomodó por la terrible petición, pero sintió que debía cumplir su promesa, y ordenó al jefe de la guardia:

—Vete a los calabozos, corta la cabeza del tal Bautista y tráela.

El jefe de la guardia salió a cumplir la orden y al poco tiempo volvió trayendo en la bandeja la hirsuta y sangrante cabeza solicitada.

Salomé tomó de los cabellos la cabeza de Juan, la depositó en el suelo y en torno a ella inició una nueva danza aún más lenta, más ondulante, más seductora que la anterior…

La cabeza de Juan abrió los ojos, siguió con la mirada a la doncella danzante y dijo con voz que no era de este mundo:

—¡Oh, cuán dulce, cuán generosa, cuán bendita es mi muerte, oh hermosa Salomé, pues bailas en mi honor!

LAS MUCHACHAS DE ZHIRZHA

A la famosa aunque algo escondida casa de doña Evangeline O´Neill Rainer envían a algunas de las muchachas de Zhirzha que, aunque sean angelicales en el sentido estricto del adjetivo, nacen sin alas (tal es el caso de apenas un 0.06% de la población femenina zhirzhense). Estas muchachas exentas de las tan carnales como plumosas alas (como las que tienen a la espalda las pupilas menos caras de doña Evangeline O´Neill Rainer) son las más cómodas para copular en las barrocas camas del burdel más lujoso de la ciudad de Dublín.

LA VERDADERA CAJA DE PANDORA

Se sospecha que la llamada “caja de Pandora”—ese cofrecillo negro y rosado del cual, por haber ella imprudentemente quitado la tapa, salieron la pasión, el deseo, la locura, los vicios, las guerras, el trabajo, es decir muchos de los males y tribulaciones que se abatieron sobre la humanidad— era en realidad el coño de Pandora.

ROSA DE TOKIO

En el corazón de la selva de las Filipinas, avanzando penosamente por la sendas fangosas y culebreantes sin saber desde donde serían atacados por soldados del imperio japonés, los soldados norteamericanos oían en la radio portátil esa hermosa voz femenina que, llegada del enemigo Tokio y entre piezas de swing y blues, les predecía en un inglés perfecto, pero más melodioso, la derrota y el final de la gran potencia militar de los United States.

El comandante norteamericano prohibió que se escucharan las emisiones de Rosa de Tokio, pues resultaban desmoralizantes para las tropas, pero el muchacho encargado de la radio, enamorado de la voz, la escuchaba a escondidas.

Y siendo muy patriota, al final de la contienda el boy solicitó consejo de guerra y se acusó el mismo de traición.

EL INICIO DE UNA ESTRELLA

Nuestro director escénico pidió a la novel actriz una prueba de sus capacidades. Ella recitó las tablas de multiplicar del seis, del siete y del ocho, y antes de que llegara a la del nueve ya estábamos todos, actrices, actores y también nuestro director escénico, en erótico fuego ardiendo por todo lo que su voz y su gesto ponían en nuestra imaginación, así que fue inmediatamente contratada para el papel de Salomé. Y así inició su triunfal carrera en el teatro, en el cine, en la televisión, en los sueños de ustedes y míos.